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Curiosidad

Las astas frescas de un ciervo extinto

Ocurrió el 2019-09-06 · publicado el 2026-10-21

En 1991, un agrónomo de la ONU fotografió en una tienda de Laos unas astas inconfundibles de ciervo de Schomburgk, extinguido en 1938. En 2019 alguien se puso a mirar esas fotos con cuidado.

Las astas frescas de un ciervo extinto
El único ejemplar naturalizado del mundo, en el Museo Nacional de Historia Natural de París. Foto de madlag (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons.

El ciervo de Schomburgk vivía en las llanuras pantanosas del valle del Chao Phraya, en el centro de Tailandia, y lo describió Edward Blyth en 1863. Los machos llevaban unas astas que no se parecen a las de ningún otro ciervo: ramificadas en forma de cesta, con hasta treinta y tres puntas y casi noventa centímetros de borde exterior. Nadie que las haya visto una vez las confunde. Esa forma, que es lo que lo condenó como trofeo, es también lo único que permite identificarlo hoy a partir de una fotografía.

Lo que acabó con él no fue la caza sino el arroz. A finales del siglo XIX Tailandia empezó a producir arroz para exportación y los pantanos donde vivía se convirtieron en campos. Durante las crecidas los rebaños quedaban arrinconados en las lomas que no se inundaban, y ahí eran blanco fácil. La población salvaje se da por desaparecida hacia 1932. El último animal conocido vivía en un templo de Samut Sakhon y lo mató un hombre borracho en 1938. El único ejemplar naturalizado que existe en el mundo está en el Museo Nacional de Historia Natural de París.

En febrero de 1991, Laurent Chazée, agrónomo de Naciones Unidas, pasó por una tienda de medicina china en la provincia de Phongsali, en el norte de Laos. Colgadas de la pared había unas astas con la inconfundible forma de cesta. Las fotografió. Durante veintiocho años esas fotos no fueron más que una anécdota de alguien que pasaba por allí.

En 2019, Gary Galbreath, de la Universidad Northwestern, y G. B. Schroering las publicaron en el Journal of the Bombay Natural History Society. Lo que miraron no fue la forma —eso estaba claro desde el principio— sino el estado. La sangre de las astas era de un rojo oscuro tirando a pardo, y la sangre seca se vuelve negra con el tiempo. Quedaba médula expuesta, y médula seca todavía pegada al hueso. En el trópico, concluyeron, unas astas no tienen ese aspecto ni siquiera pasados unos meses.

Conviene decir qué significa eso y qué no. No significa que haya una población: significa que un animal de esta especie estaba vivo hacia 1991, cincuenta y tres años después de que se diera por extinguida. Galbreath sospecha que puede quedar un grupo pequeño en alguna zona remota del centro de Laos. La Lista Roja de la UICN sigue clasificándola como extinta desde 2006, y mientras no haya un animal, una foto suya o una muestra, va a seguir así.

Lo que más llama la atención del caso no es el ciervo, es quién lo vio. No fue una expedición ni una cámara trampa: fue alguien que trabajaba en otra cosa, en un sitio donde no se buscaba nada, que tuvo el reflejo de sacar la cámara. Casi todos los reencuentros de especies perdidas se parecen a éste. Por eso importa registrar lo que se ve, con su fecha y su foto, aunque en ese momento no parezca gran cosa.

Las especies de este artículo Ciervo de Schomburgk
De dónde sale esto: Northwestern University · Galbreath y Schroering (2019), Journal of the Bombay Natural History Society

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