Restos datados por radiocarbono en Málaga retrasan siglos la llegada de la gineta a Europa y descartan a los árabes como sus introductores; el misterio de quién la trajo y cuándo sigue abierto.

Durante décadas se dio por hecho que la gineta (Genetta genetta) no era originaria de la Península Ibérica. El animal -pariente africano de las civetas, cuerpo alargado, cola anillada y un carácter que lo hizo apreciado como cazador de roedores- no aparece en el registro fósil ibérico, así que su presencia solo se explica por una introducción humana. La teoría más repetida señalaba a los árabes, después del 711, y el resto más antiguo conocido hasta hace poco -hallado en el castillo almohade de Mértola, en el sur de Portugal- databa de principios del siglo XIII.
Un estudio publicado en 2017 por Miguel Delibes y varios colegas cambió esa cronología. El equipo dató por radiocarbono dos restos de gineta hallados en un abrigo rocoso de Málaga, la Cueva del Humo. Uno de ellos arrojó una antigüedad de 1.310 años, que una vez calibrada sitúa al animal, con más de un 95% de probabilidad, entre los años 656 y 773 -y con casi un 50% de probabilidad, antes del 708-. Es decir: probablemente antes de la invasión árabe de la Península, y quinientos años más antiguo que el hallazgo de Mértola.
Esto descarta a los almohades como introductores y apunta a otro origen, tal vez fenicio. El ADN mitocondrial del ejemplar malagueño añadió un giro más: pertenece a un linaje genético distinto del que predomina hoy en Europa, uno que hasta ahora solo se ha encontrado en Andalucía, lo que sugiere que hubo al menos dos llegadas independientes.
Los propios autores del estudio añaden una advertencia útil: los huesos se hallaron en capas mucho más antiguas que su edad real, arrastrados hasta allí por galerías de conejos, lo que recuerda que fechar un animal solo por el estrato en que aparece puede llevar a error.
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