Llevaba 113 años sin aparecer. Se presentó una noche en la puerta de un albergue de la Sierra Nevada de Santa Marta, se dejó fotografiar y no se ha vuelto a ver.

El 4 de mayo de 2011, a las nueve y media de la noche, dos voluntarios británicos de la Fundación ProAves estaban en la reserva El Dorado, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia. Lizzie Noble y Simon McKeown llevaban un mes allí haciendo seguimiento de anfibios amenazados, que es un trabajo nocturno y paciente. A 1.958 metros de altitud, un animal del tamaño de un cobaya se acercó al albergue y se quedó.
No era una rata cualquiera. Era Santamartamys rufodorsalis, la rata crestada de Santa Marta, única especie de su género, con el lomo de un rojo encendido y la cola peluda. Hasta esa noche se conocían dos ejemplares en el mundo. El primero lo identificó Herbert Huntingdon Smith el 24 de diciembre de 1898 en Ocaña, y Joel Asaph Allen la describió al año siguiente. El segundo lo recogió Melbourne Armstrong Carriker hacia 1913. Después, nada durante casi un siglo, pese a varias búsquedas organizadas.
El animal se quedó cerca de dos horas, posado en la barandilla, mientras los dos voluntarios le hacían las primeras fotografías que existen de esta especie viva. Luego volvió al bosque. Paul Salaman confirmó la identificación. Ciento trece años después del primer ejemplar, lo que había fallado a las expediciones lo resolvieron dos personas que estaban haciendo otra cosa en el porche.
La Sierra Nevada de Santa Marta ayuda a entender por qué. Es la montaña costera más alta del mundo —de la playa a los 5.700 metros en poco más de cuarenta kilómetros— y funciona como una isla: lo que vive arriba no vive en ninguna otra parte. La reserva El Dorado, creada en 2006 por ProAves, ocupa algo más de mil hectáreas entre los 950 y los 2.600 metros, y está señalada por la Alliance for Zero Extinction, que marca los sitios donde se concentran especies que no existen fuera de ellos. En una montaña así, un animal puede pasarse un siglo a doscientos metros de una cama.
Desde entonces no hay ningún registro confirmado. La especie pasó a Peligro Crítico en la evaluación de 2011 y ahí sigue. Las amenazas que se le atribuyen son los gatos asilvestrados, que están extendidos por buena parte de su área posible y cazan fauna nativa, y la pérdida y degradación del bosque en la Sierra. De su biología se sabe casi nada: es nocturna, trepadora, y el animal de 2011 no emitió ningún sonido.
Quedan, en total, tres registros en ciento veintiocho años. Eso es lo que hay sobre un mamífero entero. Está en la lista de «los más buscados» de Mammaling por eso: no porque sea improbable encontrarla, sino porque alguien ya lo hizo una vez sin proponérselo, y la única diferencia entre ese 4 de mayo y cualquier otra noche fue que había dos personas despiertas y con una cámara.
Tus registros ayudan a saber dónde vive cada especie. Sin anuncios molestos y con los datos abiertos a la ciencia.
Abrir Mammaling