Tenía las patas delanteras rematadas en dos dedos con pezuña, como las de un ungulado diminuto, y las traseras en uno solo. No hay otro mamífero australiano así. Corría con un trote rígido en vez de saltar como el resto de los bandicuts, medía unos 23-25 cm de cuerpo y era bien conocido por los pueblos aborígenes del sur, que lo llamaban landwang.
Durante ciento ochenta años se creyó que era una sola especie repartida por media Australia. En 2019, un equipo dirigido por Kenny Travouillon volvió a medir los veintinueve ejemplares de museo que existen en el mundo y les extrajo ADN: eran dos. Éste, el del sur, conservó el nombre. El del centro resultó ser especie nueva y se llamó Chaeropus yirratji.
La separación cambió las fechas. El ejemplar de 1907 que se citaba como el último de la especie —y el testimonio aborigen de los años cincuenta— pertenecen al del centro. El último registro seguro de éste es de 1900, y el conocimiento aborigen lo sitúa hasta 1910-1920. Es decir: desapareció antes, y en otro sitio, de lo que se ha contado durante un siglo.
Ocupaba la orla meridional de la zona árida: oeste de Nueva Gales del Sur, norte de Victoria, el sureste de Australia Meridional y, en su forma occidental, el suroeste de Australia Occidental.
Medía entre 23 y 25 cm de cuerpo, con una cola relativamente corta, pelaje pardo grisáceo y unas patas delanteras muy reducidas terminadas en dos dedos con pezuñas, su rasgo más distintivo. Se diferenciaba de todos los demás bandicuts, con pies traseros de tipo más generalista, precisamente por esas patas delanteras casi ungulares y por su forma de correr, un trote rígido en lugar del salto habitual de sus parientes.
Desde 2019 hay una especie más con la que se confunde, y es la confusión que estuvo vigente ciento ochenta años: el bandicut de pies de cerdo del norte (Chaeropus yirratji), del centro de Australia. Por fuera eran casi iguales. Lo que los separa se mide en el cráneo y en el esqueleto: el del norte tiene la cola y los pies traseros más largos, los dientes de forma distinta y menos aberturas en el paladar. En una lámina antigua o en una fotografía no hay forma de distinguirlos; en la práctica se hace con el ejemplar en la mano, con su procedencia anotada, o con ADN.
Se conservan pieles, cráneos y algún esqueleto completo en museos australianos y europeos, entre ellos ejemplares recolectados a finales del siglo XIX y principios del XX. Existen algunas fotografías antiguas de ejemplares en cautividad de comienzos del siglo XX, pero no se conoce ningún registro en vídeo. El conocimiento tradicional aborigen describe sus huellas como distintas de las de otros bandicuts por la marca de las pezuñas delanteras en el suelo blando del desierto, una pista de rastreo transmitida oralmente que la ciencia nunca llegó a documentar con mediciones precisas antes de la desaparición de la especie.
Ocupaba la orla meridional de la zona árida y semiárida australiana, en matorral y llanura abierta: el oeste de Nueva Gales del Sur, el norte de Victoria y el sureste de Australia Meridional. Su forma occidental llegaba al suroeste de Australia Occidental, donde el último registro conocido es de 1898, en Youndegin.
El interior arenoso del centro de Australia, que durante un siglo se le atribuyó, no era suyo: pertenecía al bandicut de pies de cerdo del norte, separado como especie propia en 2019. El área que esta ficha describía antes era la de las dos juntas.
Se alimentaba de raíces, bulbos, insectos y sus larvas, que desenterraba hozando en el suelo con el hocico.
Era solitario y de actividad nocturna, y se refugiaba de día en una madriguera o en un nido de hierba en el suelo, del que salía a hozar en busca de alimento al anochecer.
Se fue del sureste primero. Hacia el cambio de siglo había desaparecido ya de Victoria y del suroeste de Australia Occidental, y el último registro seguro es de 1900; el conocimiento aborigen lo sitúa todavía en 1910-1920, y el registro de 1926 que se repite en la bibliografía se considera no confirmado. De Australia Meridional se dio por ido en los años cuarenta.
Lo que ocurrió en su área no es lo mismo que ocurrió en el desierto central. Aquí fueron el arado y el ganado: la orla meridional de la zona árida es justo la franja que se roturó y se pastoreó primero, y el matorral abierto donde vivía se convirtió en campo. El zorro rojo y el gato asilvestrado llegaron encima, y el conejo cambió lo que quedaba del pastizal. La combinación lo liquidó en menos de setenta años desde que los europeos lo describieron.
Su desaparición se cita a menudo como la pérdida de una línea evolutiva entera y no sólo de una especie, y desde 2019 se sabe que fueron dos.
Su singular anatomía, sin equivalente en ningún otro mamífero vivo, hace que su pérdida se cite a menudo como ejemplo de una línea evolutiva completa desaparecida, no solo de una especie, y su caso ha reforzado el interés científico por secuenciar ADN de museo de bandicuts extinguidos para entender mejor la evolución del grupo. Hoy sirve también de referencia para los programas de cercados de exclusión de depredadores que protegen a los bandicuts supervivientes de Australia, varios de ellos todavía en peligro.
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