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Bandicut de pies de cerdo del norte

Chaeropus yirratji
Peramelemorphia Chaeropodidae
Tamaño
Hasta 26 cm + cola de unos 15 cm
Peso
Menos de 600 g
Actividad
Crepuscular
Sociabilidad
Solitaria

Descripción

Era el animal pastador más pequeño que ha existido: pesaba menos de 600 gramos y comía hierba, una combinación que no se da en ningún otro mamífero conocido, ni vivo ni fósil. Tenía las patas delanteras rematadas en dos dedos con pezuña y las traseras en uno solo, como un ciervo en miniatura, y no saltaba como el resto de los bandicuts: corría. Los pueblos del desierto occidental, que lo trataron durante miles de años, decían que corría demasiado rápido para atraparlo y que cuando los perros lo perseguían se metía en un tronco hueco.

Hasta 2019 nadie sabía que existía. Los veintinueve ejemplares de bandicut de pies de cerdo que hay repartidos por los museos del mundo se daban todos por una sola especie muy variable. Ese año, un equipo dirigido por Kenny Travouillon volvió a medirlos uno a uno, les sacó ADN a pieles recogidas en 1846 y descubrió que eran dos animales distintos: uno del sur y otro del centro. La mayoría de los ejemplares —y los registros más tardíos— resultaron ser de éste, el del centro, que hasta entonces no tenía nombre científico. Se lo pusieron los propios relatos aborígenes recogidos en los años ochenta: yirratji, que es como lo llamaban en warlpiri.

Para cuando se supo que era una especie aparte llevaba unos sesenta años desaparecido.

Cómo identificarla

Pelaje gris plateado o pardo dorado por encima, pardo claro por debajo, con una cresta de pelo a lo largo del lomo de la cola. Cuerpo de hasta 26 cm, cola de unos 15 cm —larga, más de la mitad del cuerpo— y patas largas y finas, con la cabeza alargada y las orejas grandes. Dos dedos funcionales con pezuña en cada mano, uno en cada pie: el carácter que da nombre al grupo y que no comparte ningún otro mamífero australiano.

Con quién se confunde, y en qué se separa:

· Bandicut de pies de cerdo del sur (Chaeropus ecaudatus): la única confusión real, y la que estuvo vigente ciento ochenta años. Por fuera eran casi iguales. Lo que los separa es medible pero no visible a distancia: el del norte tiene la cola y los pies traseros más largos, lo que le permitía zancadas mayores y más velocidad; los dientes de forma distinta, lo que apunta a dietas distintas; y menos aberturas en el paladar. El color del pelaje también difiere, pero no lo bastante para resolverlo con un animal corriendo. En la práctica, la separación se hace con el cráneo en la mano o con ADN, no en el campo.

· El resto de los bandicuts (Perameles, Isoodon, Macrotis) se separan sin esfuerzo: todos tienen manos de cinco dedos con uñas y se desplazan a saltos. Ninguno tiene pezuñas ni corre al trote.

· Las dos especies no se solapaban mucho: el del norte vivía en llanuras de arena con espinifex, y el del sur en la periferia meridional de la zona árida. La procedencia de un ejemplar, cuando está bien anotada, dice casi tanto como la medida.

Rastros y huellas

No existe ninguna descripción publicada de la huella de este animal. Nadie la midió mientras se pudo, y escribir aquí unas medidas sería inventarlas. Lo que sigue es lo único documentado, y viene del conocimiento de los pueblos del desierto recogido por Burbidge y sus colegas en 1988, entre gente que todavía lo había visto.

El rastro que describían no era una huella sino una forma de moverse: corría o trotaba en lugar de saltar, a diferencia de todos los demás bandicuts del desierto, y lo hacía deprisa. Era, decían, demasiado rápido para alcanzarlo a pie. Cuando lo perseguían con perros solía meterse en un tronco hueco, y ése era el sitio donde se le buscaba.

De día no hacía madriguera: se quedaba en un nido de hierba seca en el suelo, al abrigo de una mata de espinifex o de una tusca. Ese nido, con el animal dentro, era el hallazgo habitual.

Por anatomía, la huella de la mano tendría que haber sido inconfundible: dos pezuñas, en un continente donde ningún otro mamífero las tiene. Si alguna vez aparece una fotografía antigua de un rastro en arena del desierto central, es el carácter que habría que buscar. Pero hasta hoy no hay ninguna.

Hábitat y distribución

Llanuras de arena y campos de dunas con espinifex (Triodia) y hierbas en mata, a veces con un estrato de mulga por encima. Esa descripción no sale de un estudio de campo —no llegó a haberlo— sino de los propios habitantes del desierto, que señalaban el tipo de terreno donde se encontraba.

Ocupó el centro de Australia: el este de Australia Occidental, el sur del Territorio del Norte, el norte de Australia Meridional, el extremo suroccidental de Queensland y el extremo noroccidental de Nueva Gales del Sur. Su hermana del sur ocupaba otra cosa: la orla meridional de la zona árida, con matorral en vez de pastizal de arena.

Los últimos sitios donde se le dio por vivo son los desiertos de Gibson y Great Sandy, en Australia Occidental. El resto del área se le había vaciado antes.

Dieta

Comía hierba. Es lo que lo convierte en una rareza: con menos de 600 gramos era el mamífero pastador más pequeño que se conoce, y pastar a ese tamaño está muy cerca del límite de lo que la digestión permite. Sus dientes, de corona más alta y forma distinta a los de su hermana del sur, apuntan a que las dos no comían exactamente lo mismo, aunque nadie llegó a documentar la diferencia con animales vivos.

El resto de la dieta se conoce mal. Se le atribuyen también raíces, semillas y algún insecto, pero procede de observaciones sueltas del siglo XIX sobre «el bandicut de pies de cerdo» sin distinguir especie, y después de 2019 esas observaciones ya no se sabe a cuál de las dos corresponden.

Comportamiento

Era de actividad crepuscular, sobre todo al atardecer, y pasaba el día en un nido de hierba seca construido en el suelo. Solitario, hasta donde se sabe.

Su forma de moverse es lo mejor documentado y lo más extraño: corría. Los demás bandicuts saltan; éste trotaba y galopaba sobre unas patas largas y finas, y lo hacía lo bastante deprisa como para que los cazadores del desierto lo recordaran medio siglo después como el animal al que no se podía alcanzar corriendo. Las patas traseras más largas que las de su hermana del sur encajan con esa descripción: zancada mayor, más velocidad.

De su reproducción no se sabe prácticamente nada. Como el resto de los peramelemorfos tendría una gestación muy corta y crías que terminaban de desarrollarse en el marsupio, que en esta familia se abre hacia atrás, pero ni el número de crías ni la época de parto llegaron a anotarse. Es el tipo de hueco que deja una extinción temprana: el animal desapareció antes de que nadie se propusiera estudiarlo vivo.

Conservación

El último ejemplar con etiqueta y fecha lo recogió John McKenzie en 1907 para E. C. Stirling, director del Museo de Australia Meridional. Hay un segundo ejemplar de hacia 1916 depositado en el Museo Nacional de Victoria, y un registro de Lake Eyre en 1920 que no está confirmado. En 1926, unos hombres pitjantjatjara lo dieron por presente en los montes Musgrave, un testimonio que el propio Frith calificó de poco satisfactorio.

Después sólo queda la memoria. En 1988, cuando Burbidge y su equipo recorrieron el desierto central preguntando por los mamíferos desaparecidos, los pintupi lo describieron como un animal que todavía andaba por allí hacía unos treinta años: hacia 1958. Ése es el último rastro de la especie, y no es una captura ni una fotografía, sino una conversación.

La caída fue rápida y coincide con tres cosas que llegaron juntas al desierto: el zorro rojo, el gato asilvestrado y el final del manejo tradicional del fuego, cuando las comunidades del desierto se desplazaron a las misiones y los asentamientos y el mosaico de quemas pequeñas que mantenía el pastizal en parches dejó de hacerse. Sin ese mosaico, los incendios pasaron a ser grandes y uniformes, y un animal que vivía en un nido de hierba a ras de suelo se quedó sin sitio donde esconderse.

Amenazas

El zorro rojo y el gato asilvestrado, extendidos por el interior de Australia en la primera mitad del siglo XX, son la causa que más peso tiene en la literatura: el bandicut estaba justo en la franja de peso —entre 35 gramos y 5,5 kilos— en la que la mortalidad australiana por depredadores introducidos fue casi total.

La segunda es el cambio en el régimen de fuego tras el desplazamiento de las comunidades del desierto, que convirtió un mosaico de parches de distintas edades en extensiones quemadas de una sola vez.

La tercera es el ganado y el conejo, que a partir del siglo XIX cambiaron la composición del pastizal del que comía. Ninguna de las tres actúa sola, y el orden entre ellas sigue discutiéndose.

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