La musaraña orejicorta mexicana ocupa las montañas del centro de México y fue una de las primeras especies del género en describirse para el país, hace ya casi siglo y medio. Vive bajo la hojarasca de bosques templados de altura, donde caza invertebrados de forma casi ininterrumpida debido al coste energético de mantener su diminuto cuerpo caliente. A pesar de su nombre, no representa a todas las musarañas mexicanas del género, sino a una especie concreta con una distribución relativamente restringida a la faja volcánica central del país. Es un buen punto de partida para entender la diversidad de musarañas de garra ancha mexicanas, un grupo que sigue revelando especies nuevas en pleno siglo XXI.
Mide entre 6 y 9 cm de cabeza-cuerpo, con las garras delanteras ensanchadas propias del grupo, orejas ocultas en el pelaje y ojos diminutos. Los dientes presentan las puntas pigmentadas de rojo características de las musarañas de dientes rojos. Su distinción fiable de otras Cryptotis mexicanas de garra ancha, como C. goldmani o C. alticola, exige examen craneal y dental en mano.
Como el resto de musarañas del género, apenas deja huellas reconocibles sobre la hojarasca de su hábitat de montaña. Su presencia se documenta principalmente mediante trampeo científico o restos craneales recuperados de egagrópilas de rapaces nocturnas.
Bosques templados de pino-encino y bosque de niebla de montaña, en la faja volcánica transmexicana del centro de México.
Se alimenta de invertebrados del suelo, principalmente insectos, larvas y otros pequeños artrópodos.
Es solitaria y de actividad repartida a lo largo de todo el día y la noche, sin apenas periodos de reposo prolongado por su elevado metabolismo.
Se distribuye por varios sistemas montañosos del centro de México sin indicios de declive poblacional generalizado documentado.
La deforestación de los bosques templados de montaña del centro de México es la principal presión sobre su hábitat.
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