Es una de las historias de resurrección más notables de la mastozoología mexicana: descrita en 1894 a partir de un único ejemplar del volcán San Martín, en Veracruz, no volvió a registrarse durante más de cien años, hasta que expediciones de campo la redescubrieron en 2004 en esa misma montaña. Vive exclusivamente en el bosque de niebla que cubre las laderas de ese volcán aislado, sin que se conozca ninguna otra población en el resto del mundo, lo que la convierte en una de las musarañas de distribución más restringida de todo el continente. Su redescubrimiento no eliminó el riesgo que corre: sigue considerada una de las cien especies más amenazadas del planeta según distintas evaluaciones de prioridad de conservación. Toda su biología conocida procede de un puñado de ejemplares capturados en expediciones muy puntuales, lo que la convierte en una de las musarañas mexicanas peor documentadas pese a su fama.
Musaraña de tamaño pequeño-medio, pelaje pardo oscuro uniforme, hocico largo y móvil, y ojos diminutos apenas visibles. Se confunde en mano con otras musarañas de garra ancha del este de México; su presencia exclusiva en el volcán San Martín, sin solapamiento geográfico con especies hermanas, es la clave más fiable para su identificación de campo.
Huella minúscula, apenas 1 cm, rara vez visible salvo en sustrato muy fino. Excrementos diminutos y oscuros, de pocos milímetros, con restos de quitina de insecto, dejados dispersos por sendas bajo la hojarasca húmeda del bosque de niebla. Construye galerías superficiales bajo la hojarasca y nidos esféricos en huecos bajo troncos caídos, típicos del sotobosque húmedo donde vive, aunque dada la rareza de la especie estos rastros rara vez se atribuyen con seguridad sin captura directa.
Bosque de niebla de montaña, con suelo húmedo y abundante hojarasca, en las laderas del volcán San Martín. Endémica de esta única montaña de la región de Los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, este de México, sin presencia conocida en ningún otro lugar.
Insectívora, se alimenta de insectos y otros invertebrados del suelo húmedo del bosque de niebla.
De hábitos poco documentados dada la escasez de registros de campo, con actividad probablemente continua repartida en periodos cortos a lo largo del día y la noche, como el resto de musarañas de su género. Su extrema restricción a una única montaña la hace enormemente vulnerable a cualquier alteración local del bosque de niebla.
Tras más de un siglo sin registros, su redescubrimiento en 2004 confirmó que sobrevive una población en el volcán San Martín, aunque se desconoce su tendencia poblacional actual por la escasez de estudios continuados sobre la especie.
Deforestación y fragmentación del bosque de niebla del volcán San Martín por expansión agrícola y ganadera, y la extrema restricción geográfica de la especie a una única montaña, que la hace vulnerable a cualquier evento local adverso.
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