El mayor animal terrestre de Asia y un auténtico ingeniero de sus ecosistemas: abre claros en el bosque, dispersa semillas a grandes distancias y excava pozos de agua de los que dependen muchas otras especies. Vive en sociedades matriarcales complejas lideradas por las hembras más veteranas.
De gran tamaño aunque menor que el elefante africano, con orejas más pequeñas y redondeadas, dorso convexo y, a menudo, solo los machos con colmillos bien desarrollados —muchas hembras carecen de ellos o los tienen muy reducidos—. Se distingue del elefante africano por el perfil de la frente, más abombado, y por tener una sola "punta" en el extremo de la trompa en vez de dos.
Huellas circulares muy grandes, de 35 a 50 cm de diámetro, con marcas de las almohadillas plantares agrietadas; grandes montones de excrementos fibrosos, ricos en restos vegetales sin digerir, que sirven de alimento a muchos otros animales; árboles con corteza arrancada o ramas rotas a la altura de la trompa, y sendas anchas y muy transitadas a través del bosque.
Bosques tropicales, sabanas y pastizales de Asia meridional y sudoriental, desde India y Sri Lanka hasta Sumatra y Borneo, con poblaciones fragmentadas y muy reducidas respecto a su rango histórico.
Herbívoro; consume una enorme variedad de hierbas, cortezas, raíces, frutos y cultivos, necesitando cientos de kilos de vegetación al día.
Vive en grupos familiares matriarcales liderados por la hembra de mayor edad, mientras que los machos adultos suelen ser solitarios o forman grupos temporales; gran capacidad de memoria y complejas relaciones sociales.
La población ha caído a menos de la mitad en las últimas tres generaciones, con menos de 50.000 individuos estimados en libertad repartidos en poblaciones fragmentadas por toda su distribución.
Pérdida y fragmentación del hábitat por la expansión agrícola y de infraestructuras, conflicto directo con las personas al invadir cultivos, y caza furtiva por el marfil.
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