La jutía de La Española era ya rara hacia 1900, fecha límite comúnmente citada para su desaparición, aunque algunos restos arqueológicos y relatos sugieren que pudo sobrevivir en bolsas aisladas de Haití o la República Dominicana algunas décadas más. Era un roedor de tamaño mediano ampliamente distribuido en tiempos precolombinos por La Española y, gracias al transporte humano de los pueblos taínos, también por Puerto Rico y varias islas menores del Caribe, donde se criaba como fuente de alimento mucho antes de la llegada europea.
Medía unos 30-45 cm de cuerpo con la cola, cuerpo robusto, pelaje pardo y cabeza redondeada, similar en aspecto general a otras jutías caribeñas del género Isolobodon. Se diferenciaba de la jutía de Puerto Rico, con la que llegó a compartir isla tras su introducción por los taínos, por rasgos craneales y de tamaño documentados en restos arqueológicos y en los ejemplares de museo conservados.
Se conservan ejemplares y restos óseos en museos y yacimientos arqueológicos del Caribe, incluidos abundantes restos hallados en cuevas y basureros (middens) de origen taíno, que documentan su amplia distribución por la región gracias al transporte humano prehistórico. No existen fotografías ni registros en vídeo de la especie viva, ya que su desaparición se sitúa antes de la fotografía de fauna silvestre en la región; las descripciones de sus hábitos proceden de relatos coloniales tempranos y de estudios arqueozoológicos posteriores.
Vivía en bosques y matorrales de La Española (Haití y República Dominicana) y, tras su introducción por los taínos, también en Puerto Rico y otras islas menores del Caribe.
Se alimentaba de vegetación, frutos, raíces y corteza de los bosques del Caribe.
Era de actividad nocturna y terrestre, y se refugiaba en madrigueras y huecos entre rocas; los pueblos taínos la mantenían en semicautividad como fuente de alimento, lo que explica su amplia dispersión por islas donde no era originaria.
La introducción de la rata negra y del ratón doméstico con la llegada europea a finales del siglo XV, junto con la introducción posterior de la mangosta a finales del siglo XIX para controlar plagas de ratas en las plantaciones de caña, se consideran las causas principales de su declive y desaparición final hacia 1900; la caza para consumo, ya practicada desde época taína, también contribuyó a lo largo de los siglos.
Su caso ilustra cómo la introducción de la mangosta en el Caribe a finales del siglo XIX, pensada como solución agrícola, terminó siendo una de las causas de extinción de fauna nativa más dañinas de la región, una lección que hoy pesa en la valoración negativa de introducciones de depredadores como método de control biológico, y que influye en la protección de otras jutías caribeñas que sobreviven hoy en peligro de extinción, como la jutía cubana y la jutía de Bahamas.
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