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Coipú

Myocastor coypus
LC · Preocupación menor Rodentia Echimyidae
Coipú (Myocastor coypus)
Foto: © Martin Vohralík, some rights reserved (CC BY)
Tamaño
40-60 cm + cola 30-45 cm
Peso
4-9 kg (habitualmente 4,5-7)
Actividad
Crepuscular
Sociabilidad
Colonias; un macho con 3-4 hembras y sus crías
Longevidad
Rara vez más de 3 años en libertad; 6-12 años en cautividad
Gestación
Unos 130 días (127-139)

Descripción

Gran roedor semiacuático del sur de Sudamérica que la industria peletera ha repartido por medio mundo. Las primeras granjas surgieron en Argentina cuando la caza ya diezmaba las poblaciones silvestres, y en los años veinte del siglo pasado se extendieron por Europa, Norteamérica y Asia. Cuando las pieles dejaron de ser rentables, miles de animales escaparon o se soltaron. Hoy hay coipús asilvestrados en todos los continentes salvo Australia y la Antártida, y la especie figura entre las cien invasoras más dañinas del mundo y en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes de la Unión Europea desde 2016.

Aunque parece un castor con cola de rata, está emparentado con las ratas espinosas sudamericanas (familia Echimyidae). Sus incisivos son de un naranja intenso por el hierro del esmalte y crecen toda la vida. Puede roer bajo el agua porque cierra los labios por detrás de los dientes. Las hembras tienen las mamas en lo alto de los flancos, de modo que las crías pueden mamar mientras la madre nada. Las hembras jóvenes y en buen estado pueden además abortar camadas enteras, sobre todo si son pequeñas y de hembras, y quedar preñadas de nuevo enseguida de una camada mayor.

Es también uno de los pocos casos en que se ha erradicado del todo un mamífero invasor bien asentado: Gran Bretaña lo consiguió en 1989, tras una campaña de casi una década, y Maryland en 2022.

Cómo identificarla

Roedor grande y rechoncho: 40-60 cm de cabeza y cuerpo, cola de 30-45 cm y 4-9 kg de peso (lo habitual son 4,5-7 kg). El pelo de cobertura es basto y pardo, del amarillento al rojizo oscuro, sobre una borra gris muy densa, y se ve áspero incluso mojado. El hocico y la barbilla son blancos y lleva largos bigotes blancos o gris claro, de 7-12 cm, visibles a distancia. Las orejas son pequeñas pero sobresalen del pelo, y a menudo tiene una mancha ocre o anaranjada en su base. Los incisivos naranjas se ven casi siempre.

La cola es cilíndrica, escamosa y con pocos pelos, como la de una rata, y mide unos dos tercios del cuerpo. En las patas traseras los cuatro dedos internos están unidos por membrana y el quinto, el externo, queda libre; las delanteras no tienen membrana. En tierra camina encorvado, con el lomo arqueado.

Al nadar se impulsa con las patas, de modo que la cola va detrás sin moverse, a menudo sumergida o arqueada fuera del agua. A veces se queda flotando sin rumbo. Cuando se oculta, puede dejar fuera sólo la nariz y los ojos.

Con qué se confunde:
• Castor (Castor fiber y C. canadensis). Es dos o tres veces mayor (17-32 kg), con la cola plana en forma de pala y los bigotes oscuros. Nada en línea recta con sólo la cabeza, o la cabeza y un poco de lomo, fuera del agua, y si se alarma golpea el agua con la cola.
• Rata almizclera (Ondatra zibethicus). Mucho más pequeña (1-2 kg), con la cola aplanada de lado, que mueve como un timón al nadar, los bigotes oscuros y los incisivos poco visibles. Ojo con los coipús jóvenes, que tienen su tamaño: la forma de la cola y los bigotes los delatan.
• Nutria (Lutra, Lontra). Es esbelta y alargada, con la cola gruesa, peluda y afilada, la garganta clara y sin incisivos a la vista. Nada con el cuerpo bajo y asoma la cabeza para mirar.
• Rata parda. Mucho más pequeña que un adulto, sin membranas y con la cola desnuda.
En la península ibérica, ningún animal autóctono se confunde con un coipú adulto.

Rastros y huellas

Huellas: la pata trasera deja una huella grande, de hasta 15 cm, en la que a menudo se ve la membrana entre los cuatro dedos internos, con el quinto separado. La delantera es mucho menor y marca cuatro dedos. Es frecuente una línea fina de arrastre de la cola entre las pisadas. La huella trasera de la rata almizclera mide sólo 5-7 cm. La del castor puede confundirse con la del coipú cuando no se marca la membrana que une su quinto dedo.

Excrementos: es el indicio más fiable. Son cilíndricos, de unos 5-7 cm de largo por 1-1,3 cm de grosor, pardos, verdosos o negruzcos, y llevan surcos longitudinales paralelos muy característicos. Flotan. Aparecen en el agua, en la orilla, sobre piedras y troncos que sobresalen y en las plataformas de alimentación, y los mismos puntos se usan una y otra vez. Los de rata almizclera miden apenas 1-1,2 cm. Los excrementos de nutria (los «espraintes») huelen a pescado y contienen escamas y espinas.

Madrigueras: bocas de unos 20 cm de diámetro, por encima del nivel del agua, en orillas empinadas y con vegetación. Las galerías pasan de un metro y pueden alcanzar 15 m, a menudo con dos salidas. Las de la rata almizclera suelen abrirse bajo el agua. Cuando sube el nivel del agua el coipú excava cámaras más altas, y eso debilita aún más las orillas.

Plataformas: círculos de vegetación palustre aplastada, de 0,9-1,8 m de diámetro, flotantes o sobre el suelo, que usa para comer, descansar, acicalarse y parir. Se confunden a menudo con las casetas de la rata almizclera.

Sendas y rampas: pasos entre la vegetación de 15-20 cm de ancho (unos 10 cm en la rata almizclera) y rampas de entrada al agua de unos dos palmos. Las del castor alcanzan los 50 cm.

Señales de alimentación: tallos cortados en la base, raíces y rizomas desenterrados, montones de vegetación cortada en la orilla y, donde abunda, calvas de agua abierta en medio del carrizal o la espadaña. También anilla árboles y arbustos royendo la corteza. El castor, en cambio, tala árboles y deja tocones cónicos.

Sonidos: al anochecer, los grupos emiten gruñidos parecidos a los de un cerdo.

Hábitat y distribución

Vive siempre ligado a aguas permanentes, dulces o salobres: ríos lentos, canales, lagunas, embalses, marismas, carrizales y estuarios. Rara vez se aleja más de 100 m del agua y evita las corrientes rápidas. Tolera bien la sal, y en el sur de Chile y en Tierra del Fuego usa canales y estuarios glaciares. En Argentina prefiere aguas de unos 35 cm de profundidad con mucha vegetación enraizada, sin alejarse más de unos metros de la cobertura. Llega a los 1.100-1.200 m en los Andes, aunque en España vive casi siempre por debajo de los 200 m y sólo se han visto dispersantes a 800 m.

Su área de origen es el sur de Sudamérica, desde unos 23° S hacia el sur, en Argentina, Uruguay, Paraguay, el sur de Brasil, Bolivia y Chile, con Chiloé y la Patagonia. Desde ahí, la peletería lo ha llevado a casi todo el mundo. En Norteamérica vive en al menos 40 estados de EE. UU. y en tres provincias canadienses; destacan Luisiana, donde se asentó en los años treinta, Texas, el noroeste del Pacífico y la península de Delmarva, adonde llegó en los cuarenta y de cuya parte de Maryland ya se ha erradicado. En California se eliminó en los años setenta y reapareció en el valle de San Joaquín en 2017.

En Europa está asentado en Italia, Francia, Alemania, los Países Bajos, Bélgica, Austria, Suiza, Europa central y los Balcanes, entre otros países. En España entró desde Francia en los años setenta y vive en Guipúzcoa y el norte de Navarra, con núcleos pasajeros en Girona y el Valle de Arán; en Irlanda se detectó en 2010, y en Gran Bretaña se erradicó en 1989. En Asia vive en Japón desde 1939, sobre todo en el oeste del país, en Corea del Sur desde 1985, en la cuenca del Nakdong, y también en China, Israel, Jordania y Turquía. En África hay poblaciones en Kenia y en otros países del este y el sur.

El frío marca su límite. Varios días seguidos bajo cero pueden matar hasta el 85 % de una población, y así se hundieron o desaparecieron sus poblaciones de Escandinavia y del norte de EE. UU.; el invierno de 1963 diezmó la británica.

Dieta

Herbívoro generalista que come sobre todo la base de los tallos, raíces, rizomas y tubérculos de plantas palustres: espadaña, juncos, carrizo, juncias, espartinas y sagitarias. En Argentina destacan sagitarias y camalotes, y recurre a gramíneas cuando escasean las plantas acuáticas. Donde hay cultivos cerca come arroz, maíz, caña de azúcar, alfalfa, cereales, hortalizas y tubérculos. En invierno roe la corteza de sauces y otros árboles de ribera. De forma ocasional come mejillones de agua dulce y otros moluscos, crustáceos e insectos. Practica la coprofagia: reingiere parte de sus excrementos para aprovecharlos mejor.

Come cada día en torno a una cuarta parte de su peso; en Chile se midieron 1,2-1,7 kg diarios, un 15 %. Pero lo que destruye es mucho más: al cortar los tallos por la base mata la planta entera, y se calcula que echa a perder hasta diez veces lo que se come. Eso, y no el volumen ingerido, explica que pueda convertir un carrizal en agua abierta.

Comportamiento

Es crepuscular y nocturno, con el máximo de actividad hacia medianoche, aunque sale más de día cuando escasea la comida o hace frío, y entonces se pone al sol. Puede pasar hasta unos 10 minutos sumergido. Se orienta sobre todo por el oído y ve poco.

Vive en colonias cuya unidad típica es un macho con tres o cuatro hembras y sus crías, en grupos de 2 a 13 animales. Las áreas de campeo rondan las 2,5 ha en las hembras y las 5,7 ha en los machos, aunque en zonas de cultivo del sur de EE. UU. se han medido unas 13 ha, y rara vez se aleja más de 180 m de la madriguera. Las densidades varían enormemente, de 0,1 a 25 animales por hectárea; en Argentina van de 0,1 a casi 5, y llegan casi a 10 donde no se caza. Acorralado, muerde.

Su enorme capacidad de reproducción explica su éxito como invasor. Cría todo el año y vuelve a quedar preñada a los dos días del parto. Tras unos 130 días de gestación pare de 1 a 13 crías, con medias de entre 4 y 6,5 según la región, y puede tener dos o tres camadas al año. Las crías nacen con pelo y los ojos abiertos, pesan 180-300 g, nadan y comen plantas a las pocas horas y maman siete u ocho semanas; a los 3-9 meses ya pueden reproducirse. Las hembras jóvenes en buen estado pueden abortar a mitad de gestación las camadas pequeñas para quedar preñadas enseguida de otra mayor, y los inviernos fríos y la mala condición física provocan muchas pérdidas antes del parto.

La mortalidad es altísima: en torno al 80 % muere el primer año, y en Argentina la edad media de los animales cazados era de 1,1 años. En Sudamérica lo cazan los caimanes, y en Norteamérica el caimán americano, el pigargo, los búhos, los coyotes y las nutrias.

Conservación

En su área de origen ha sido durante más de un siglo una de las especies peleteras más explotadas. Argentina exportó unos 20 millones de pieles entre 1972 y 1981 y unos 5 millones al año hasta 1997, y desde 2001 aplica un programa nacional de aprovechamiento sostenible, el Proyecto Nutria. Sus propios análisis apuntan a sobreexplotación en al menos el 40 % de las zonas y recomiendan acortar la temporada, prohibir los perros y fijar una talla mínima de piel. En Chile su caza está regulada, y la especie no está amenazada en su conjunto.

En las zonas invadidas el problema es el contrario, y el control ha dado resultados muy desiguales. Luisiana capturó más de un millón de coipús al año entre 1962 y 1982, pero al hundirse el mercado de la piel a finales de los noventa las marismas dañadas llegaron a unas 41.500 ha en 1999. Desde 2002 paga una recompensa por cada cola entregada, con la que ha retirado unos 7 millones de animales y ha reducido el daño a unas 1.600 ha en 2025. Maryland lo erradicó con tramperos especializados, perros detectores y seguimiento estadístico: retiró unos 14.000 animales, capturó el último en 2015 y declaró la erradicación en 2022. Gran Bretaña lo eliminó entre 1981 y 1989 con 24 tramperos, un plazo de diez años y primas que bajaban a medida que se acercaba la fecha, y esperó 21 meses sin capturas antes de darlo por erradicado. Italia, en cambio, retiró más de 220.000 entre 1995 y 2000 sin frenar su expansión, con daños muy superiores al gasto en control.

Las erradicaciones que han funcionado tenían en común poblaciones aisladas, inviernos duros que ayudaban y un trampeo mantenido hasta el último animal. En España se trampea en Guipúzcoa y Navarra, pero la llegada continua de animales desde Francia limita los resultados.

Amenazas

En su área de origen le afectan sobre todo la caza excesiva para peletería, la desecación y transformación de humedales por la urbanización y las obras hidráulicas, y las sequías e inundaciones extremas, aunque ninguna de ellas pone en riesgo a la especie a escala global.

Fuera de ella, lo que preocupa son los daños que causa. El más grave es la pérdida de humedales: al arrancar raíces y rizomas deja el suelo de la marisma al descubierto, la marea lo arrastra y la marisma se convierte en agua abierta, y puede hacer desaparecer localmente nenúfares, carrizo y espadaña. Sus madrigueras dañan orillas, diques, canales de riego y caminos, y aumentan el riesgo de inundación.

También perjudica a otras especies. La pérdida de carrizales afecta a aves palustres como el avetoro, el aguilucho lagunero y el bigotudo; en Italia destruye nidos de aves acuáticas; y en Japón amenaza a una libélula en peligro crítico y, al comerse los mejillones de agua dulce, a un pez que pone sus huevos dentro de ellos. Causa además daños en arrozales, maizales, cañaverales, alfalfa, huertas y frutales, y actúa como reservorio de enfermedades: en Francia, entre el 16 y el 66 % de los coipús analizados tenían anticuerpos contra la leptospirosis, y en una zona del Loira Atlántico la duela del hígado parasitaba al 55 %.

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