El último tilacino conocido murió en el zoo de Beaumaris, en Hobart (Tasmania), la noche del 7 de septiembre de 1936, pocos meses después de que las autoridades tasmanas retirasen por fin la recompensa que llevaban casi un siglo pagando por cada ejemplar cazado. Durante décadas se contó que aquel animal, apodado Benjamin, era un macho, pero un estudio de 2022 sobre fotografías y registros del zoo reveló que en realidad era una hembra, capturada por el tramposo Elias Churchill en mayo de 1933 y vendida al zoo sin permiso. El tilacino era el mayor carnívoro marsupial de los tiempos modernos, con un cuerpo de lobo, rayas de tigre en el lomo y una mandíbula capaz de abrirse casi 80 grados, y había sobrevivido en Tasmania mucho después de desaparecer del continente australiano por la competencia con el dingo. Hay indicios de que pequeñas poblaciones aisladas pudieron resistir en el monte tasmano hasta la década de 1940, pero desde entonces ningún avistamiento se ha podido confirmar con pruebas sólidas, pese a que las expediciones de búsqueda no han cesado.
Medía cerca de 1,8 m de largo con la cola, tenía el cuerpo y la cabeza de aspecto canino y entre 13 y 21 rayas oscuras transversales en el lomo y la base de la cola, de donde procede su apodo de tigre de Tasmania. A diferencia de un perro o un dingo, podía abrir la mandíbula en un ángulo extremo, cercano a los 80 grados, y las hembras tenían una bolsa marsupial. Se le confundía en el terreno con perros salvajes o dingos a distancia, pero las rayas del lomo y la cola rígida, poco flexible, lo distinguían con claridad de cualquier cánido.
Se conservan alrededor de una decena de especímenes disecados y varios esqueletos completos en museos de Australia, incluida la piel y el esqueleto del propio animal de Beaumaris, redescubiertos en 2022 en un armario del museo TMAG de Tasmania tras darse por perdidos durante décadas. Existe metraje en blanco y negro filmado en el zoo de Hobart entre 1911 y 1933, con varios ejemplares distintos, que constituye la única prueba en movimiento de la especie. También se conservan fotografías de ejemplares en cautividad y en trampas, además de descripciones detalladas de sus huellas y rastros de caza recogidas por naturalistas del siglo XIX y principios del XX, aunque ningún rastro fresco ha vuelto a confirmarse desde mediados del siglo XX.
Vivía en bosques abiertos, matorral y pastizales de Tasmania, y en tiempos prehistóricos también en el continente australiano y Nueva Guinea, de donde desapareció miles de años antes de la llegada de los europeos.
Cazaba canguros, wallabies, aves y otros vertebrados de tamaño pequeño y mediano, persiguiendo a sus presas mediante resistencia más que mediante velocidad explosiva.
Era solitario o se movía en parejas, de actividad principalmente nocturna y crepuscular, y marcaba territorio como el resto de los marsupiales carnívoros. Las hembras criaban entre dos y cuatro cachorros en la bolsa marsupial, que después seguían a la madre hasta hacerse independientes.
El gobierno colonial de Tasmania pagó una recompensa por cada tilacino muerto entre 1888 y 1909, un programa que eliminó varios miles de ejemplares y que coincidió con enfermedades similares al moquillo que afectaron a la población silvestre, la competencia por presas con perros introducidos y la pérdida de hábitat por la expansión ganadera. La recompensa se retiró en 1909 y el tilacino recibió protección legal formal en julio de 1936, solo 59 días antes de que muriera el último ejemplar conocido en cautividad.
El caso del tilacino se cita hoy como ejemplo de protección legal llegada demasiado tarde, y ha impulsado programas de conservación preventiva para especies australianas amenazadas antes de que lleguen a un punto crítico, como el diablo de Tasmania, pariente cercano que enfrenta hoy un tumor facial contagioso. Distintos equipos han intentado sin éxito confirmar su pervivencia mediante cámaras trampa en zonas remotas de Tasmania, y en los últimos años ha surgido un proyecto de desextinción basado en ADN antiguo que ha reavivado el debate sobre los límites y el sentido de revivir especies extinguidas.
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