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Curiosidad

El mamífero que se descubrió sesenta años después de extinguirse

Ocurrió el 2019-03-07 · publicado el 2026-10-21

Veintinueve pieles en los cajones de varios museos se daban por una sola especie. En 2019 resultaron ser dos, y la segunda llevaba sesenta años desaparecida sin que nadie supiera que existía.

El mamífero que se descubrió sesenta años después de extinguirse
Lámina de John Gould, «The Mammals of Australia» · Dominio público, vía Wikimedia Commons. Retrata al bandicut de pies de cerdo del sur: las dos especies no se separaron hasta 2019 y por fuera eran casi iguales.

Pesaba menos de 600 gramos y comía hierba. Esas dos cosas juntas no se dan en ningún otro mamífero conocido: pastar sale caro, exige un aparato digestivo grande, y por debajo de cierto tamaño las cuentas no salen. El bandicut de pies de cerdo las sacaba, y por eso es el animal pastador más pequeño que ha existido. Para conseguirlo había cambiado de forma: las manos le terminaban en dos dedos con pezuña y los pies en uno solo, como los de un ciervo en miniatura.

Tampoco se movía como los suyos. Los demás bandicuts saltan; éste corría, sobre unas patas largas y finas. La gente del desierto occidental australiano, que lo trató durante miles de años, decía que corría demasiado rápido para alcanzarlo a pie y que cuando lo perseguían con perros se metía en un tronco hueco. De día no excavaba madriguera: se quedaba quieto en un nido de hierba seca al abrigo de una mata de espinifex.

Durante ciento ochenta años todo esto se atribuyó a una sola especie. Los veintinueve ejemplares de bandicut de pies de cerdo repartidos por los museos del mundo —dieciséis de ellos en Museums Victoria— se daban por un mismo animal muy variable. En 2019, un equipo dirigido por Kenny Travouillon volvió a medirlos uno a uno y les extrajo ADN a pieles recogidas en 1846. No eran uno: eran dos. Uno del sur y otro del centro, con la cola y los pies traseros más largos, los dientes de otra forma y menos aberturas en el paladar.

El del centro no tenía nombre científico. Se lo dieron los propios relatos aborígenes recogidos en los años ochenta, cuando Andrew Burbidge y su equipo recorrieron el desierto preguntando por los mamíferos desaparecidos: yirratji, como lo llamaban en warlpiri. Al otro, los del sur lo llamaban landwang.

Y entonces se vio algo incómodo: la mayoría de los ejemplares de museo eran del centro, y también los registros tardíos. El último ejemplar con etiqueta lo recogió John McKenzie en 1907 para el Museo de Australia Meridional. Hay otro de hacia 1916 en Melbourne. Y en 1988 los pintupi lo situaban vivo en su territorio unos treinta años antes, hacia 1958. Todas esas fechas llevaban un siglo escritas en la ficha del otro.

Así que cuando la ciencia terminó de describirlo, el animal llevaba sesenta años sin aparecer. No se extinguió por falta de aviso: la gente que vivía allí sabía perfectamente cuál era cuál, y lo dijo en 1988. Lo que faltó fue que alguien contrastara esos relatos con los cajones. Es el argumento entero de este proyecto, resumido en un bicho de 600 gramos: un dato sin recoger no es un dato, y un dato recogido tarda a veces treinta años en servir para algo.

Las especies de este artículo Bandicut de pies de cerdo del surBandicut de pies de cerdo del norte
De dónde sale esto: Australian Museum · Travouillon et al. (2019), Zootaxa 4566: 1-69

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