Es el mayor ciervo vivo: un macho de Alaska puede superar los 2 m a la cruz y los 700 kg. Sus cuernas son el tejido de crecimiento más rápido que se conoce en un mamífero, y un macho grande produce cada verano un par que puede rondar los 30 kg, para tirarlo en invierno y empezar de nuevo. Pese a su tamaño nada con soltura, cruza brazos de mar de varios kilómetros y mete la cabeza bajo el agua para arrancar plantas acuáticas, que busca por su sodio.
Ocupa los bosques boreales de todo el hemisferio norte, de Noruega a Alaska y Terranova, con más de 2,2 millones de animales hacia 2010. Hay poblaciones que crecen y otras que se hunden. En el norte de Europa sostiene una de las cazas más importantes del continente. En Polonia pasó de unas pocas decenas tras la Segunda Guerra Mundial a decenas de miles. En cambio, en el borde sur de su área en Norteamérica las garrapatas y los parásitos que transmite el ciervo de cola blanca han reducido algunas poblaciones a la mitad o menos. En Terranova, adonde se llevaron cuatro animales en 1904, hoy hay más de cien mil.
La taxonomía está discutida. Algunos autores separan el alce americano (Alces americanus), que también vive en el este de Siberia, del euroasiático (Alces alces) por una diferencia en el número de cromosomas (70 frente a 68). Los estudios de ADN muestran que todas las poblaciones actuales proceden de Asia y que Norteamérica se colonizó hace menos de unos 15.000 años, y la mayoría de catálogos mantienen una sola especie. Esta ficha la trata así.
Animal enorme, de patas muy largas, con una joroba en la cruz y el cuello corto. La cabeza es larga y el hocico grueso y colgante, y bajo la garganta cuelga la «campana», un pliegue de piel con pelo presente en los dos sexos cuya forma varía con la edad. El pelaje es pardo oscuro a casi negro, con las patas grisáceas o claras y la cara algo más clara. En la cara de los machos el tono se oscurece desde mediados de agosto. Las hembras tienen una mancha blanca bajo la cola, alrededor de la vulva, que sirve para sexarlas desde una avioneta. Las crías son pardo rojizas y, a diferencia de las de casi todos los ciervos, no tienen manchas. A finales de invierno, los animales muy cargados de garrapatas pierden pelo y se ven grisáceos o blanquecinos («alces fantasma»).
El tamaño varía mucho entre regiones. Los mayores viven en Alaska y el este de Siberia, con machos de más de 600 kg y récords de más de 770. Los más pequeños, en el Amur y Manchuria, con machos de unos 260 kg. Los europeos quedan en medio: los machos pesan unos 320-475 kg.
Sólo el macho tiene cuernas, que suelen ser palmeadas, como una pala con puntas en el borde:
• En Norteamérica la pala suele dividirse en dos lóbulos, y en Eurasia forma uno solo.
• En Europa son frecuentes, y en Manchuria típicas, las cuernas sin pala, ramificadas como las de un ciervo.
• Envergadura media: unos 105 cm en Europa y unos 145 cm en Alaska, con récords de más de 2 m.
• Ciclo: el macho limpia el terciopelo en septiembre, las tira entre noviembre y enero (los jóvenes pueden conservarlas hasta la primavera) y vuelve a echarlas desde abril. Alcanzan su máximo hacia los 7-12 años.
Con qué se confunde:
• Ciervo y wapití. Tienen una mancha clara en la grupa, el cuerpo más claro y rojizo y el cuello con crin oscura, y las cuernas no tienen pala. Son además mucho más bajos.
• Reno o caribú. Tiene el cuello y la grupa claros, y las hembras también llevan cuernas.
• Caballo, a distancia. La joroba, la campana y la cabeza larga y colgante del alce lo delatan.
Huellas: grandes y acorazonadas, algo asimétricas, de 11-18 cm de largo y 9,5-15 cm de ancho en la pata delantera; la trasera es algo menor (10,5-16,5 cm). En barro o nieve blanda las pezuñas accesorias se marcan por detrás. La zancada al paso es de unos 1,5-2 m. En nieve profunda arrastra las patas y deja surcos largos y paralelos.
Cómo separar la huella de la de otros ungulados que comparten su hábitat:
• Wapití. Su huella delantera mide 7,6-12,4 cm.
• Ciervos de cola blanca y mulo. Unos 7,5 cm, con zancadas de 75-90 cm.
• Ciervo europeo. Unos 8-9 cm en los machos grandes, claramente menor que la de un alce adulto. No hay medidas publicadas fiables de las huellas de las crías de alce, así que una huella mediana en nieve o barro conviene asignarla con prudencia.
• Reno, vacas y caballos. No hay comparaciones publicadas fiables. Como regla general, el caballo deja una huella redonda de un solo casco, y la vaca dos pezuñas más anchas y redondeadas.
Excrementos: en invierno son bolitas grandes de 2-3 cm de largo (hasta unos 4,4 cm) por 1,3-2 cm de grosor, redondeadas o algo cuadradas, fibrosas y cargadas de restos de ramillas. Con la vegetación tierna de primavera y verano salen sueltos o en tortas, que en Alaska se han confundido con excrementos de oso. Las bolitas de los wapitís grandes se solapan en tamaño con las del alce; las del wapití suelen ser ovaladas y con un hoyuelo en un extremo.
Ramoneo: como todos los ciervos, carece de incisivos superiores, así que las ramillas quedan desgarradas, no cortadas limpiamente como las que roen liebres y roedores. Lo que delata al alce es la altura: ramonea hasta 1,8-2,4 m. Los machos doblan o pisan arbolillos para llegar a la copa, y las marcas de dientes pueden aparecer a unos 30 cm del punto de rotura. La nieve acumulada permite a los ciervos pequeños llegar más alto, así que la altura sola no es definitiva.
Descortezado: arranca la corteza de abajo arriba con los incisivos inferiores. La marca queda deshilachada en el extremo superior y limpia en el inferior, y al principio es amarillenta. En Escandinavia afecta sobre todo al pino silvestre y menos a la pícea; en Norteamérica, a arces y álamos temblones.
Otros indicios:
• Frotaderos y arbustos destrozados por las cuernas, de 0,4 a 2,4 m de altura.
• En el celo, hoyos escarbados por el macho, que orina en ellos y se salpica la cabeza, la campana y las cuernas; huelen intensamente.
• Encames en la nieve.
Sonidos: la hembra emite un mugido largo y quejumbroso; el macho, gruñidos graves y cortos. Se oyen sobre todo en septiembre y octubre.
Vive en la taiga y en los bosques mixtos templados del norte, sobre todo cerca de zonas húmedas o encharcadas, como orillas de lagos y ríos, turberas y saucedas, y en Alaska ocupa también la tundra arbustiva de sauces. Le favorecen los incendios, las cortas y las orillas de las carreteras, donde rebrota el matorral joven del que se alimenta. Dos límites marcan dónde puede vivir: una nieve de más de unos 70 cm y una temperatura media de verano por encima de unos 14 °C. Sube hasta unos 1.700 m en el Altái.
En Europa vive en Fenoscandia, los países bálticos, Polonia, Bielorrusia y el norte de Ucrania. En Asia ocupa toda Rusia hasta el Extremo Oriente, el norte de Mongolia y el noreste de China, y en Norteamérica, Alaska, casi todo Canadá y el norte de EE. UU., desde Nueva Inglaterra y los Grandes Lagos hasta las Montañas Rocosas, con Colorado y Utah. Se introdujo en Terranova en 1904 y en Colorado, donde se soltaron 24 animales en 1978, aunque investigaciones recientes argumentan que la especie ya vivía allí antes. En Dinamarca se soltaron alces en Lille Vildmose en 2016-2017.
Su área ha cambiado mucho con el tiempo. A comienzos del Holoceno vivía en Gran Bretaña, los Alpes y los Pirineos; en la Edad Media ya sólo quedaba en Fenoscandia y Europa oriental, y la población del Cáucaso desapareció a principios del siglo XIX. Desde Polonia ha recolonizado en parte Alemania, la República Checa, Eslovaquia y el norte de Austria, siempre en números muy bajos, y en la frontera entre la República Checa, Austria y Alemania los avistamientos se han desplomado desde 2013. Llegan animales errantes hasta Croacia y Rumanía. En China, Mongolia y Kazajistán su área se reduce, mientras que en el noreste de EE. UU., donde había desaparecido de buena parte de su área hacia 1870, se ha recuperado desde los años ochenta.
Es un ramoneador: come sobre todo hojas, brotes y ramillas de árboles y arbustos. Prefiere sauces, abedules, álamos temblones y alisos, y en invierno recurre a coníferas: el abeto balsámico en Canadá y el pino silvestre en Escandinavia. En verano, en Noruega, la vegetación leñosa caducifolia era en torno al 71 % de la dieta de los machos, y los sauces solos más de la mitad. Los mismos estudios muestran que combina alimentos para equilibrar proteínas, grasas e hidratos de carbono: en Suecia, en invierno, mezcla pino y arándano para aproximarse al valor nutritivo del sauce, que busca activamente.
En verano come también plantas acuáticas: en la isla Royale suponían entre el 13 y el 27 % de la dieta estival. Las busca por el sodio, que escasea en las plantas terrestres. Por la misma razón visita saladeros naturales, que le aportan unas quince veces más sodio por minuto que las plantas acuáticas, y lame la sal que se echa en las carreteras.
Un adulto come 10-30 kg de vegetación fresca al día; en invierno, unos 18-22 kg de ramillas. Dedica a comer 9-13 horas diarias en verano y 6-8 en invierno, repartidas en 5 a 8 sesiones.
Está activo de día y de noche, con más movimiento al amanecer y al atardecer. Es básicamente solitario: la unidad estable es la madre con su cría, y los machos viven aparte la mayor parte del año, aunque en terreno abierto, como la tundra de Alaska, forma grupos sueltos.
Las áreas de campeo de los animales sedentarios miden de 2 a 90 km². Muchas poblaciones migran entre zonas de verano y de invierno separadas normalmente por 10-30 km, pero hasta por unos 200 km en Norteamérica y 300-500 km en Siberia. Los jóvenes se dispersan a 180-250 km, y el récord conocido es el de un alce que fue de Dakota del Sur a Texas, a 1.511 km. Corre a unos 60 km/h.
El celo va de mediados de septiembre a principios de octubre. En el bosque, cada macho acompaña y defiende a una sola hembra cada vez, mientras que en la tundra abierta los machos reúnen grupos de hembras. Un macho pierde en el celo entre el 9 y el 18 % de su peso y apenas come durante unas dos semanas. Las hembras son receptivas aproximadamente un día, entre 15 y 26 horas, y si no quedan preñadas repiten el celo a los 24 días.
La gestación dura unos 230 días, y los partos se concentran entre mediados de mayo y mediados de junio: en Denali, el 95 % caen en 16 días. Las crías pesan 10-18 kg al nacer, más en Alaska que en Europa. Los gemelos dependen mucho de la alimentación; en Norteamérica se han medido tasas de entre el 0 y el 90 % según la población, con medias de en torno al 30-47 % donde sobra comida, y en los años de plaga de garrapatas de New Hampshire no nació ninguno. La madre se aleja poco de la cría la primera semana. La cría empieza a comer plantas a las dos o tres semanas, mama cuatro o cinco meses y sigue con la madre hasta el siguiente parto, cuando ella la expulsa. Las hembras suelen criar por primera vez a los 28 meses, a veces a los 16, y donde no se caza los machos dominantes impiden criar a los jóvenes hasta los cinco años.
Sus depredadores principales son el lobo y el oso pardo, y las crías caen también ante el oso negro y el puma; en algunas zonas de Norteamérica, los depredadores causan hasta el 80 % de las muertes de recién nacidos. En el Extremo Oriente lo caza también el tigre. En los inviernos de nieve profunda, los lobos de la isla Royale matan unas tres veces más alces al día.
La especie es abundante en conjunto, pero sus tendencias regionales van en direcciones opuestas. En Eurasia vivían hacia 2010 unos 1,2 millones de alces, concentrados en Rusia y Fenoscandia. Rusia superó los 800.000 en 1990, y en su parte europea la población cayó a menos de la mitad entre 1990 y 2002 por una caza excesiva que los censos por huellas en la nieve no detectan bien. En Escandinavia la caza está muy regulada. Suecia, que estuvo cerca de perder la especie en los siglos XVIII y XIX, abatió unos 50.000 alces en 2023-2024, en torno a una quinta parte de la población previa a la temporada, y desde 2012 la gestiona en unas 130 áreas con planes trienales. Finlandia caza unos 37.000 al año y Noruega unos 27.500, y las tres poblaciones se consideran hoy en descenso. En Polonia no se caza, y desde allí la especie se extiende hacia Europa central. Más al este, la lista roja nacional de Mongolia la considera amenazada tras perder más de la mitad de sus efectivos, y en China se reduce desde los años setenta junto con su bosque.
En Norteamérica viven entre 0,9 y 1,4 millones de alces, estables en la mayoría de territorios pero con fuertes descensos en el borde sur. En el noreste de Minnesota bajaron un 60 % desde mediados de los 2000, aunque llevan años estables en torno a 4.000, y en el noroeste del estado quedan menos de cien. En New Hampshire y Vermont, la población se ha reducido a la mitad o menos desde principios de siglo. Minnesota sólo permite ya la caza tribal, y Nueva Escocia suspendió la caza en su parte continental.
En Europa central, donde hábitat sí hay, la prioridad es reducir los atropellos y la caza ilegal mediante acuerdos entre países.
En el borde sur de Norteamérica, la amenaza principal son los parásitos, agravados por el clima. La garrapata de invierno mató al 70 % de las crías marcadas en New Hampshire y Maine entre 2014 y 2016, con una media de unas 47.000 garrapatas por animal. El gusano meníngeo, que transmite el ciervo de cola blanca, estaba implicado en casi una cuarta parte de las muertes de alces adultos en el noreste de Minnesota, y la duela gigante del hígado se ha asociado también a mortalidades altas en ese estado.
El calor es la otra cara del mismo problema. El alce empieza a sufrir por encima de unos -5 °C en invierno y de unos 14 °C en verano, y en cautividad muestra estrés desde los 17 °C, así que los inviernos y los veranos más cálidos lo obligan a gastar energía o a dejar de comer.
Los atropellos de coche y de tren matan a miles de animales. En Noruega, los trenes mataron unos 13.000 alces entre 2000 y 2008, y en el sur de la República Checa y en Austria los atropellos son la principal causa conocida de muerte provocada por el ser humano. La caza excesiva y el furtivismo explican las caídas de la Rusia europea, Mongolia y China. En China pesa además la pérdida de bosque, cuya cubierta bajó en su área de más del 70 % al 35 %, y las pistas forestales facilitan el acceso a cazadores y depredadores.
La caquexia crónica, la enfermedad priónica de los cérvidos, se vigila de cerca. Desde 2016 se han detectado unos pocos casos en alces viejos de Noruega y uno en Finlandia, de una forma atípica que podría ser esporádica, y por ahora no se ha demostrado que amenace a las poblaciones.
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