Vive en enormes colonias subterráneas tan densamente pobladas y organizadas que los primeros naturalistas que las describieron las compararon con auténticas ciudades, con calles de madrigueras, centinelas de guardia y un sistema de alarmas vocales que avisa al resto del grupo ante la presencia de un depredador. Es el único de los cinco perritos de las praderas norteamericanos que vive exclusivamente en México, confinado a los pastizales áridos de un rincón muy concreto del noreste del país. Su papel como ingeniero de ecosistema es enorme: sus madrigueras airean y enriquecen el suelo, y decenas de especies, desde búhos hasta serpientes, dependen de sus túneles abandonados para vivir. A pesar de ese papel ecológico clave, ha sido perseguido durante décadas como plaga agrícola, lo que ha reducido su área ocupada a una fracción de la que tenía hace un siglo.
Roedor de tamaño medio, cuerpo robusto, pelaje pardo amarillento con la punta de la cola oscura (a diferencia de otros perritos de las praderas de cola blanca), cabeza redondeada y orejas pequeñas casi ocultas en el pelaje. Se diferencia de las ardillas terrestres y otros roedores de la región por su tamaño mayor, su vida estrictamente colonial en madrigueras muy visibles, y esa cola con punta negra tan característica.
Huella con 4 dedos delanteros y 5 traseros, 3-4 cm la trasera, similar a la de otras ardillas terrestres grandes pero casi siempre asociada a las evidentes entradas de madriguera de la colonia. Excrementos pequeños y alargados, 1-1.5 cm, dejados dispersos por toda la colonia. La señal más inconfundible es la propia colonia: montículos circulares de tierra apisonada de hasta 1 m de diámetro alrededor de cada entrada, que sirven de atalaya de vigilancia y de barrera contra inundaciones, repartidos por toda la extensión del pastizal ocupado, a veces con cientos de bocas de madriguera visibles a la vez.
Pastizal árido y semiárido de altiplano, sobre suelos profundos que permitan excavar, generalmente entre 1600 y 2200 m de altitud. Endémica de una zona reducida del noreste de México, repartida entre los estados de Coahuila, Nuevo León y San Luis Potosí, sin presencia natural fuera de esa región.
Herbívoro, se alimenta de pasto y hierba baja, que además mantiene recortada de forma activa alrededor de la colonia para mejorar la visibilidad frente a depredadores.
Vive en colonias muy densas y organizadas en camadas familiares llamadas coterías, con un sistema de vocalizaciones de alarma muy elaborado que distingue incluso el tipo de depredador que se aproxima. Es de actividad diurna y pasa buena parte del día en la superficie, alerta, alternando con periodos de alimentación y mantenimiento de la madriguera.
Sus poblaciones han sufrido un declive muy marcado en el último siglo, con un área ocupada reducida a una fracción de la histórica por el envenenamiento sistemático como plaga agrícola y la conversión de pastizal a tierra de cultivo; persisten esfuerzos de conservación centrados en las colonias mejor conservadas del altiplano.
Envenenamiento y control como plaga agrícola, conversión de pastizal nativo a tierra de cultivo de riego, y fragmentación de las colonias restantes en parches cada vez más aislados entre sí.
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