Pasa la mitad del año dormida, y no sola: la familia entera hiberna junta en una cámara forrada de heno, a veces hasta quince animales apiñados. Su temperatura corporal baja a unos pocos grados, el corazón late tres o cuatro veces por minuto y el metabolismo se reduce a una mínima parte. Cada dos semanas, más o menos, todos despiertan de forma sincronizada durante unas horas, y los que están despiertos calientan a los que siguen aletargados. Al llegar la primavera han perdido hasta la mitad de su peso. Los jóvenes, y sobre todo las crías del año, dependen de ese calor compartido para sobrevivir: por eso los subordinados de la familia, que no se reproducen, ayudan a criar.
En cada grupo sólo cría la hembra dominante, que puede impedir la reproducción de las demás. Los jóvenes no abandonan la familia hasta los dos o tres años, o más.
En las glaciaciones vivía desde Inglaterra y el centro de la península ibérica hasta Rusia. Al subir el límite del bosque quedó arrinconada en los Alpes y el Tatra, y desapareció de los Pirineos hace unos 15.000 años. Volvió allí a partir de 1948 de la mano del ser humano: unos 500 animales llevados desde los Alpes que hoy suman más de diez mil. Del mismo modo se ha devuelto a los Cárpatos rumanos, el norte de los Apeninos y otras montañas de Europa.
Roedor grande y rechoncho, de 50-60 cm de cabeza y cuerpo (de 43 a 73 cm en los extremos) y cola de unos 15 cm. El peso cambia mucho a lo largo del año: un adulto pesa unos 3 kg al salir de la hibernación y 4,5-6 kg en otoño, y los jóvenes del año salen a la superficie con apenas unos 400 g. Tiene el lomo y la cabeza pardo oscuro, el hocico grisáceo, el vientre amarillento y el último tercio de la cola negro o muy oscuro. Las crías son grises hasta los tres meses. Muda una vez al año, entre junio y agosto, y en esa época se le ven calvas y parches de pelo nuevo.
Los incisivos cambian de color con la edad: blancos en los jóvenes, amarillos a los dos años y anaranjados desde el tercero. Tiene cuatro dedos en las manos, con el pulgar reducido a un vestigio, y cinco en los pies. Su postura más característica es la del centinela, sentado sobre las patas traseras completamente erguido. Machos y hembras son iguales a la vista; sólo en mano se distinguen por la distancia entre el ano y los genitales, de 4-5,5 cm en los machos y de 1,5-2,2 cm en las hembras. En el Tatra son algo más claras, de un pardo grisáceo, y en los Alpes más oscuras y a menudo rojizas.
Con qué se confunde:
• Marmota esteparia (Marmota bobak). Vive en las estepas de llanura de Ucrania, Rusia y Kazajistán, y su área natural no se toca con la de la alpina.
• Suslik europeo (Spermophilus citellus). También se sienta erguido, pero es mucho más pequeño, de unos cientos de gramos, y vive en estepas y prados de llanura y colinas, por debajo de las cotas de la marmota.
• Tejón, a distancia. Tiene la cara rayada de blanco y negro, camina balanceándose y sale de noche. La marmota es diurna, uniformemente parda con la punta de la cola oscura, se sienta erguida y silba.
Madrigueras: hay tres tipos, y conviene distinguirlos.
• Madriguera de invernada: un sistema profundo de túneles con una cámara forrada de heno. La profundidad depende del sustrato, de unos 60 cm en esquistos blandos a 5-6 m en calizas, y hasta la cámara suele haber 2-3 m de túnel. En otoño la familia tapona la entrada desde dentro con tierra, heno y hierba: una boca tapada a finales de otoño indica una madriguera de invernada ocupada.
• Madriguera de verano o de cría: más somera, a menudo cerca de la de invierno.
• Agujeros de refugio: cortos y poco profundos, con poca tierra extraída y la hierba de alrededor intacta, repartidos por todo el territorio para escapar en segundos.
En una ladera estudiada del Parque Nacional Suizo se contaron 348 agujeros: 81 de madrigueras principales y 267 de refugio. Así que la mayoría de bocas que se ven en un prado de marmotas son simples escapatorias. Las madrigueras principales se reconocen por el montón de tierra a la entrada y por la vegetación de alrededor, muy pastada o pisoteada hasta quedar desnuda. En los Pirineos aprovechan a menudo grietas de la caliza y excavan poco. No se han encontrado medidas publicadas del diámetro de las bocas naturales; las madrigueras artificiales para sueltas se hacen de 15-20 cm.
Letrinas: las tiene cerca de la madriguera principal y cambia su ubicación según la estación. Dentro usa túneles ciegos como letrina, también durante los despertares del invierno. Los excrementos son alargados, de unos 5-6 cm según una única fuente.
Huellas: cuatro dedos en la mano y cinco en el pie. No se han encontrado medidas fiables. Como referencia, la del tejón mide unos 6 × 5 cm, con cinco dedos y largas uñas, y la del zorro unos 5 × 4 cm, con cuatro dedos.
Otros indicios: a finales de verano y en otoño acarrean en la boca grandes manojos de hierba seca para forrar las cámaras. Marcan rocas frotando las mejillas, donde tienen glándulas.
El silbido: es el rastro más fácil de detectar y se oye hasta a un kilómetro. Son notas muy breves, de menos de 0,2 s. Se suele decir que un silbido único avisa de un águila y una serie de silbidos de un zorro o un perro, y es verdad como tendencia: ante las aves dan más silbidos sueltos y ante los depredadores terrestres más series. Pero hay muchas excepciones, y los estudios indican que el silbido expresa sobre todo el riesgo que percibe el que llama, más que el tipo de depredador. Las llamadas de las marmotas pirenaicas y alpinas difieren en estructura.
Cuándo buscar: de abril a octubre, a primera hora de la mañana y al final de la tarde, en laderas soleadas con prados y piedras.
Vive en pastos alpinos y subalpinos entre los 800 y los 3.200 m. Necesita suelos profundos donde excavar, piedras o bloques que le sirvan de atalaya, buena visibilidad y poca cobertura. El bosque marca su límite inferior, y por debajo de unos 800 m el calor le impide vivir; el superior lo pone la duración del periodo sin nieve, que debe ser de al menos unos cinco meses. Elige laderas de pendiente moderada, de unos 23° de media en Ordesa, orientadas al sur o al suroeste, donde la nieve se va antes y la comida aparece antes. Muchos de sus prados se mantienen abiertos gracias al pastoreo, y en los Alpes el descenso del límite del bosque por la acción humana le ha dado más espacio.
La altitud que ocupa cambia de una cordillera a otra. En el Valais suizo vive sobre todo entre 2.200 y 2.600 m. En los Pirineos se mueve entre 1.300 y 2.900 m, con dos tercios de las colonias entre 1.800 y 2.400 m, dispersantes a 900 m y un registro a 3.005 m. En el norte de los Apeninos se concentra entre 1.600 y 1.700 m, y en el Tatra vive entre 1.380 y 2.330 m.
Su área natural son los Alpes de Francia, Italia, Suiza, Liechtenstein, Alemania, Austria y Eslovenia, y el Tatra, entre Eslovaquia y Polonia. Desde 1948 se ha devuelto a los Pirineos, en Francia, España y Andorra: en España se detectó en 1968 en el Pirineo oscense, en Cataluña en 1974 y en Navarra hacia 1985, y hoy ocupa desde Larra hasta Núria. Se ha soltado también en el norte de los Apeninos, entre Emilia-Romaña y Toscana, donde ocupa más de 70.000 ha; en los Cárpatos rumanos de Rodna, Retezat y Făgăraș, desde 1973; y en el Macizo Central, el Jura, los Vosgos, la Selva Negra y el este de Austria, entre otras montañas. El origen de la población del Bajo Tatra se discute: pudo llegar con sueltas del siglo XIX o ser un resto natural.
Herbívoro muy selectivo, que prefiere las hierbas de flor a las gramíneas. En los Pirineos se han registrado unas 35 especies de plantas en su dieta, sobre todo umbelíferas, compuestas y leguminosas. Busca las flores y las inflorescencias, y come las plantas desde que echan hojas hasta antes de fructificar, evitando las ya secas.
En los excrementos pirenaicos, hojas y tallos suponen el 92 % en junio y bajan al 73 % en agosto, cuando flores, frutos y semillas llegan al 26 %. En mayo aparecen también restos de artrópodos, hongos y helechos. En el Parque Nacional Suizo prefiere tréboles, astrancias, dientes de león, cardos de la sierra y tusílagos alpinos, y tiende a escoger las plantas más escasas del prado.
De vez en cuando come larvas de insectos, orugas, saltamontes e incluso huevos o pollos de aves que crían en el suelo; se ha visto a una comiéndose un pollo de lagópodo. Ingiere unos 400 g de vegetación al día y apenas bebe: el rocío le basta.
Antes de hibernar, sus membranas celulares cambian su composición en ácidos grasos, algo que la ayuda a funcionar a baja temperatura. El cambio sigue un ritmo interno anual y no depende de lo que coma.
Es diurna, con dos picos de actividad, a media mañana y a última hora de la tarde. Las horas de calor las pasa en la madriguera, y en los días más calurosos puede no salir a comer. Fuera de ella pasa sólo en torno a la cuarta parte del tiempo, y ve mal de noche.
Vive en grupos familiares formados por una pareja dominante y varios subordinados, normalmente adultos jóvenes e hijos de años anteriores; la media es de 5-6 animales, y pueden llegar a 20. Cada familia defiende un territorio de unas 2-2,5 ha, que llega a 6 ha donde hay poca comida y baja a 0,7-0,9 ha en algunas colonias pirenaicas. Lo marca con olor y lo defiende golpeando con la cola, castañeteando los dientes y persiguiendo a los intrusos. La densidad ronda los 1-1,4 animales por hectárea.
La hibernación dura unos seis meses, de finales de septiembre u octubre a abril o principios de mayo, y se alarga a siete o nueve en las cotas más altas; en Navarra, a unos 1.700 m, están activas aproximadamente del 26 de abril al 18 de octubre. El apareamiento llega nada más salir de la hibernación, a menudo dentro de la madriguera, y tras una gestación de 33-34 días nacen, a finales de mayo o en junio, de 1 a 7 crías, normalmente 2 o 3. Nacen desnudas y ciegas, con 30-40 g, abren los ojos hacia el día 23 y se destetan hacia los 40 días. Salen por primera vez a finales de junio o en julio, y en algunas colonias pirenaicas ya en agosto. La primera reproducción depende más del rango social que de la edad, y las fuentes la sitúan a los 2 o 3 años; la dispersión se retrasa hasta los 2-3 años o más.
Dentro de la familia, la hembra dominante estresa a las subordinadas hasta impedir que críen, y si lo hacen sus crías pueden morir. Los subordinados que se quedan calientan a las crías del año durante la hibernación, y cuantos más hay, más crías sobreviven.
Su gran depredador es el águila real, para la que las marmotas pueden ser la mitad de lo que come en época de cría en los Alpes. También la cazan el zorro, los perros, sobre todo los de pastor, el lince y el lobo.
Es abundante en los Alpes, y en Suiza ha aumentado desde mediados del siglo XX. Se caza en varios países. Austria abate unas 7.000 al año, 7.143 en la temporada 2024-2025, y Suiza la caza en la temporada general, con un cupo de cinco por cazador en el Valais. Italia la protege, aunque en el Tirol del Sur autoriza controles por daños, y en España no se caza en la práctica.
La reintroducción en los Pirineos se considera un éxito, porque las densidades y el tamaño de los grupos son los mismos que en los Alpes y la especie sigue ampliando su área. Allí plantea, eso sí, algunos problemas, como daños en pastos y pistas de esquí y la llegada de parásitos nuevos para la zona.
Las poblaciones pequeñas viven otra situación. En el lado polaco del Tatra había unas 30 marmotas en 1881 y unas 190 en 2003, y en todo el macizo se calculaban 700-800 a comienzos de este siglo. Allí está protegida desde 1869 y figura en los anexos de especies de protección estricta de la Directiva Hábitats de la UE, aunque se discute la validez de su subespecie propia, M. m. latirostris. En los Cárpatos rumanos, los 50 animales soltados en 1973 son hoy unos 815, un 26 % más que en 2004, pero siguen formando una población pequeña y frágil.
El cambio climático es su amenaza mejor documentada, gracias a más de veinte años de seguimiento en La Grande Sassière, en la Vanoise francesa. La nieve aísla las madrigueras; cuando falta, la temperatura dentro baja a unos -5 °C y las marmotas tienen que gastar reservas para no helarse, de modo que los inviernos fríos con poca nieve reducen la supervivencia de los jóvenes. Con menos jóvenes, cada familia cuenta con menos ayudantes para calentar a las crías, y eso reduce a su vez la supervivencia de las crías del año. En el mismo periodo, el tamaño de las camadas ha ido bajando en relación con la nieve de abril y con el momento en que brota la vegetación, y el tamaño corporal ha disminuido. En verano, el calor recorta sus horas de actividad y la empuja hacia arriba.
El abandono del pastoreo, que deja que el matorral y el bosque invadan los prados abiertos que necesita, es probablemente la segunda amenaza, aunque no hay estudios que lo cuantifiquen. La caza y los controles de daños pesan en algunos valles sin poner en riesgo a la especie en su conjunto. En los Pirineos y en los Cárpatos rumanos se señala a los perros sueltos y de pastor como el peligro más imprevisible, y en las poblaciones pequeñas del Tatra y de Rumanía importan además las molestias turísticas y el furtivismo.
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