Es el carnívoro más pequeño de África y, pese a su tamaño diminuto, vive en grupos familiares muy organizados que crían a las crías de forma cooperativa entre todos los miembros. Sus colonias suelen instalarse dentro de termiteros abandonados, y en algunas zonas mantienen una curiosa relación con cálaos, que comparten sus llamadas de alarma a cambio de que la mangosta les ayude a descubrir insectos al escarbar.
Cuerpo diminuto y alargado, pelaje pardo rojizo a pardo oscuro, patas cortas y orejas pequeñas y redondeadas. Se diferencia de la mangosta rayada por su tamaño mucho menor y por carecer de las bandas oscuras transversales en el dorso que sí tiene esta última.
Huellas diminutas de cinco dedos, de apenas 1,5 cm, que suelen aparecer superpuestas alrededor de los termiteros usados como madriguera. Dejan pequeños excrementos alargados en letrinas comunales cerca de la entrada del refugio. También son visibles pequeñas excavaciones superficiales donde el grupo ha escarbado buscando insectos.
Sabana y bosque abierto con termiteros disponibles para anidar; evita las llanuras sin cobertura y el bosque denso. Presente en gran parte del África subsahariana.
Principalmente insectívora, con termitas, escarabajos y saltamontes como base de la dieta, complementada con pequeños vertebrados.
Vive en grupos cooperativos de 2 a 30 individuos con una pareja dominante que se reproduce y varios ayudantes que colaboran en la crianza. Mantiene un sistema de centinelas que avisan de la presencia de depredadores, y cambia de termitero con frecuencia dentro de su territorio.
Es común y su población se considera estable, sin amenazas relevantes a escala de toda su distribución; localmente puede alcanzar densidades muy altas.
No enfrenta amenazas significativas a escala de su área de distribución; localmente puede verse afectada por la pérdida de termiteros y el uso de pesticidas agrícolas.
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