Es la imagen más popular del Kalahari: pequeños centinelas erguidos sobre las patas traseras vigilando el horizonte mientras el resto del grupo escarba en busca de comida. Vive en grupos muy cooperativos donde individuos no reproductores ayudan a criar a las camadas de la pareja dominante, y es capaz de comer escorpiones cuyo veneno resultaría peligroso para la mayoría de los mamíferos de su tamaño.
Cuerpo pequeño y esbelto, pelaje pardo arenoso con bandas oscuras poco definidas en el dorso, manchas oscuras alrededor de los ojos que reducen el deslumbramiento del sol, y cola larga con la punta oscura. Se diferencia de la mangosta enana por el patrón de bandas dorsales y por su característica postura erguida de vigilancia.
Huellas pequeñas de cuatro dedos, de unos 2,5 cm, con marcas de uñas largas adaptadas para excavar. Sus sistemas de madrigueras son extensos, con hasta varias decenas de entradas, y a menudo compartidos con ardillas terrestres. Cerca de las entradas aparecen letrinas, y en los montículos donde se aposta el centinela la vegetación queda aplastada de forma característica.
Zonas áridas y abiertas del Kalahari y el Karoo, con suelo compacto adecuado para excavar; sur de África.
Principalmente insectívora, con escarabajos, larvas y escorpiones (a cuyo veneno local es inmune) como presas habituales, además de pequeños vertebrados y huevos.
Vive en grupos muy cooperativos de hasta treinta individuos con una pareja dominante que se reproduce. Los centinelas se turnan para vigilar desde una posición elevada y avisar con llamadas de alarma, mientras otros ayudantes cuidan y alimentan a las crías. El grupo rota entre varios sistemas de madrigueras dentro de su territorio.
Su población se mantiene estable y ocupa varias áreas protegidas, entre ellas el Parque Transfronterizo Kgalagadi.
Las sequías prolongadas pueden causar la muerte de grupos enteros; localmente se ve afectada por la transformación del hábitat.
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