En las tierras bajas y piedemontes del occidente de México vive una tuza de pelaje oscuro, casi negruzco, que pasa la práctica totalidad de su vida bajo tierra, en una intrincada red de galerías que rara vez abandona. Durante gran parte del siglo XX se consideró simplemente una población oscura de la tuza sureña (Thomomys umbrinus), hasta que estudios genéticos la reconocieron primero como especie propia y, más recientemente, la situaron en un género distinto, Megascapheus, separado de Thomomys por divergencias genéticas notables dentro de la familia de las tuzas. Como el resto de su grupo, es prácticamente invisible en superficie: su presencia se conoce casi siempre por el rastro que deja, nunca por avistamiento directo.
Mide entre 18 y 24 cm de longitud, con una cola corta y prácticamente desnuda de 6-8 cm. El pelaje es oscuro, pardo casi negruzco, más oscuro que el de la mayoría de las tuzas simpátricas, con las patas delanteras robustas y armadas de largas uñas excavadoras. Como en todas las tuzas, los incisivos permanecen visibles incluso con la boca cerrada. La identificación fiable frente a otras especies del género Megascapheus en su rango depende casi por completo de la localidad geográfica y de rasgos craneales, no de la coloración por sí sola.
El rastro más claro es el montículo de tierra en forma de abanico característico de las tuzas, con la entrada siempre sellada con un tapón de tierra, a diferencia de las madrigueras de otros roedores excavadores que suelen dejar la entrada abierta. Estos montículos, de 20-40 cm de diámetro, aparecen en hileras que siguen el trazado de las galerías subterráneas. Los surcos superficiales elevados en suelos blandos marcan galerías de alimentación someras. No existen rasgos de rastro publicados que permitan distinguir esta especie de otras tuzas del género Megascapheus por el montículo o la galería únicamente.
Ocupa suelos profundos y bien drenados de tierras bajas y piedemontes del occidente de México, en los estados de Sinaloa y Nayarit, generalmente en altitudes bajas a medias.
Se alimenta de raíces, tubérculos y bulbos que encuentra al excavar, además de tallos y hojas que arrastra hacia la galería desde la entrada.
Es solitaria y muy territorial incluso frente a otros individuos de su propia especie, manteniendo sistemas de galerías individuales que rara vez comparte. Pasa casi toda su vida bajo tierra, saliendo a superficie brevemente para recoger vegetación cercana a la entrada. La reproducción no está bien documentada para esta especie en particular.
Al tratarse de un reconocimiento taxonómico relativamente reciente, no cuenta con una evaluación independiente de la UICN; ha sido tratada tradicionalmente como parte de Thomomys umbrinus, especie de amplia distribución y categoría favorable.
La conversión de suelos agrícolas y el uso de venenos para control de roedores en zonas de cultivo son las amenazas generales asumidas por comparación con otras tuzas de la región.
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