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Northern Chamois

Rupicapra rupicapra
LC · Least concern Artiodactyla Bovidae
Size
107-137 cm + cola corta (unos pocos cm); 70-85 cm a la cruz
Weight
Machos 30-60 kg, hembras 25-45 kg (pierden hasta un tercio en invierno)
Activity
Diurna
Sociability
Grupos de hembras y crías de 5-30; machos adultos solitarios
Lifespan
14-22 años en libertad (máximo conocido unos 24 en hembras)
Gestation
Unos 170 días (165-175)

Description

Es el ungulado de montaña más abundante de Europa y del Próximo Oriente: algo menos de medio millón de animales repartidos desde los Alpes hasta el Cáucaso. Machos y hembras llevan cuernos negros, finos y rematados en gancho, que no se mudan nunca y crecen durante toda la vida. Se mueve por roquedos casi verticales con una soltura difícil de creer: salta hasta unos 2 m de alto y 6 m de largo, puede correr a 50 km/h y subir mil metros de desnivel en pocos minutos.

Desde 2011 la mayoría de los especialistas separan dos especies de rebeco: este, el septentrional, y el meridional (Rupicapra pyrenaica) de los Pirineos, la cordillera Cantábrica y los Apeninos. Bajo el mismo nombre conviven siete subespecies con historias muy distintas: la alpina suma cientos de miles de ejemplares y se caza cada año por decenas de miles, mientras que las del Tatra, la Chartreuse, el Cáucaso y Anatolia sobreviven con poblaciones de unos pocos miles o incluso de unos cientos.

También es uno de los mamíferos europeos en los que mejor se ha medido el efecto del clima. En tres poblaciones de los Alpes italianos, el peso de los jóvenes ha bajado en torno a un 25 % desde los años ochenta, en relación con primaveras y veranos más cálidos y con densidades más altas. En Nueva Zelanda vive una población introducida en 1907 con ocho animales que regaló el emperador Francisco José; hoy ocupa buena parte de la isla Sur.

How to identify it

Bóvido del tamaño de una cabra grande, de patas largas y cuello fino: 107-137 cm de cabeza y cuerpo y 70-85 cm a la cruz. Los machos pesan 30-60 kg y las hembras 25-45 kg, y en un invierno duro pueden perder hasta un tercio del peso. La cara es blanca o crema y la cruza a cada lado una banda oscura que va desde la base del cuerno, pasando por el ojo, hasta el hocico. Esa «máscara», la garganta clara y la grupa blanca se mantienen todo el año.

El pelaje cambia mucho con la estación. En verano es corto y pardo o pardo rojizo, con una raya dorsal oscura. En invierno se vuelve largo, espeso y pardo muy oscuro, casi negro en los machos. Los cuernos miden 18-25 cm, con algunos ejemplares de más de 30, y suben rectos antes de doblarse hacia atrás en un gancho cerrado.

Distinguir los sexos requiere práctica. El macho tiene la base del cuerno más gruesa, el gancho más marcado y, visto de frente, los cuernos casi paralelos; tiene además el cuello más grueso y, en otoño e invierno, una crin larga sobre el lomo. La hembra tiene cuernos más finos, más abiertos y menos curvados, y orina agachada, mientras que el macho lo hace de pie. La edad se calcula por los anillos de crecimiento del cuerno, pero entre los 2 y los 4 años se forman anillos falsos que llevan a echarle más años de los que tiene. Los cabritos muestran unas pequeñas protuberancias de cuerno ya en su primer otoño.

Con qué se confunde:
• Rebeco meridional (R. pyrenaica). Las dos especies no conviven salvo en algunas introducciones, así que la geografía decide casi siempre. El meridional es algo más pequeño, rojizo en verano y, en invierno, muestra manchas claras en garganta, hombros y grupa que le dan un aspecto tricolor.
• Íbice alpino (Capra ibex). Es más grande y macizo, sin máscara facial; los cuernos del macho son enormes, grises y con nudos, y el animal se deja ver mucho más.
• Cabra doméstica, muflón y corzo. Ninguno combina la máscara blanca y negra con cuernos negros en gancho en ambos sexos. El muflón macho tiene cuernos en espiral, y el corzo sólo tiene cuernas el macho, que además las muda cada año.

Signs and tracks

Huella: alargada y estrecha, de unos 5-6 cm de largo por 3,5-5 cm de ancho, con los dos dedos casi rectos, de borde exterior afilado y bien separados entre sí. Los dedos son muy móviles y se abren mucho al apoyar, y una membrana con pelo entre ellos ayuda en la nieve. Al paso, la pata trasera pisa sobre la huella de la delantera. Al galope, las traseras caen juntas por delante de las delanteras, las puntas se abren en V y las pezuñas accesorias pueden marcarse hasta unos 10 cm por detrás.

Cómo separar la huella de la de otros ungulados que comparten la montaña:
• Íbice. Huella mayor (7-10 × 6 cm), más rectangular, de lados redondeados y punta roma. La del rebeco es más fina y puntiaguda.
• Corzo. Huella de 4-4,5 × 3 cm, en forma de corazón y puntiaguda. Los rangos de tamaño se solapan con los de un rebeco joven, así que por el tamaño solo no se separan con seguridad.
• Ciervo. Mucho mayor (6,5-12 cm de largo) y de punta roma.

Excrementos: bolitas de 0,8-1 cm, oscuras, lisas y brillantes cuando son frescas, un poco alargadas y con un extremo aplanado. En verano, con la hierba tierna, salen húmedas y se pegan formando racimos; en invierno, secas, ovaladas y sueltas. Las del íbice son más largas (1-2 cm), con un extremo en punta y el otro cóncavo; las de oveja y muflón, más esféricas; las de corzo, de 1-1,4 cm y ovoides; las de ciervo, de unos 2 cm. La forma de las bolitas de ciervos y cabras se solapa mucho, y sin huellas, hábitat ni más indicios no conviene asegurar la especie.

Sonidos: la alarma es un silbido agudo que el animal produce expulsando el aire por la nariz, a menudo acompañado de un golpe de pata en el suelo. Es lo primero que se oye cuando un grupo detecta a alguien en una ladera. En celo, los machos emiten gruñidos graves.

Otros indicios: durante el celo, los machos frotan contra arbustos y ramas unas glándulas que tienen detrás de los cuernos y que entonces segregan una grasa de olor fuerte, y se orinan encima para impregnarse. Las persecuciones entre machos son largas y espectaculares. En Nueva Zelanda se reconocen también por el suelo removido en encames, sendas y comederos. Los pelos de rebeco aparecen con frecuencia en los excrementos de lobo y de lince.

Cuándo buscar: la nieve de invierno y primavera, en laderas empinadas y soleadas, es el mejor soporte para huellas legibles. Los excrementos se acumulan en repisas y rellanos usados como reposaderos.

Habitat and range

Vive entre los 200 y los 3.500 m de altitud, en roquedos empinados, pastos alpinos y, por debajo, bosques mixtos y de coníferas. En los Alpes ocupa sobre todo la franja de 1.000 a 2.500 m: pasa el verano por encima del límite del bosque y baja a refugiarse en él en invierno, aunque en una misma montaña conviven animales que cambian de zona con las estaciones y otros que se quedan todo el año en la misma. En el Karwendel (Baviera), los rebecos marcados con GPS pasaban el verano a una media de 1.800 m y el invierno a 1.600 m, en laderas más empinadas y orientadas sobre todo al sur, de donde la nieve se va antes. En el Cáucaso, los desplazamientos estacionales salvan hasta 2.500 m de desnivel.

Su área natural se reparte entre siete subespecies. La nominal ocupa los Alpes de Austria, Alemania, Suiza, Liechtenstein, Italia, Francia, Eslovenia y el noroeste de Croacia. Las demás viven en núcleos mucho menores: el macizo de la Chartreuse, en Francia, con unos 350 km²; el Tatra, entre Eslovaquia y Polonia, con unos 300 km²; los Cárpatos y los Alpes de Transilvania, en Rumanía; los Balcanes, desde los Alpes Dináricos hasta el Pindo y los Ródope; las montañas del noreste de Turquía y el suroeste de Georgia, en tres núcleos casi aislados; y el Gran Cáucaso, entre Rusia, Georgia y Azerbaiyán, con Adjaria.

El ser humano lo ha llevado además a Nueva Zelanda, donde se soltó en 1907 y hoy ocupa gran parte de la isla Sur, a la República Checa, al Bajo Tatra y otras sierras eslovacas, y a los Vosgos, el Jura y el Cantal, en Francia. En Argentina se cita como posible introducción, sin información actual. Mientras en los Alpes ocupa prácticamente todo el hábitat disponible, las subespecies del Cáucaso y de Anatolia han perdido entre el 60 y el 70 % de sus efectivos en las últimas décadas.

Diet

Es un herbívoro mixto que pace hierba cuando puede y ramonea cuando no queda otra cosa. Un estudio de excrementos en el Parque Nacional Suizo midió cómo cambia su dieta a lo largo del año. Las gramíneas, juncias y plantas parecidas suponen entre el 60 y el 75 % en todas las estaciones, con el máximo en invierno y primavera. Las hierbas de flor, que en invierno apenas llegan al 2 %, alcanzan casi el 31 % en verano, cuando florecen los pastos alpinos. Las coníferas sólo cuentan en invierno, cuando llegan al 12 %, y los brezos, arándanos y plantas similares tienen su máximo en otoño, también en torno al 12 %.

En invierno come además ramillas, hierba seca, líquenes y musgo, y escarba la nieve con las patas delanteras para alcanzar el pasto enterrado. Con nevadas muy fuertes puede pasar un par de semanas casi sin comer, viviendo de sus reservas. En Nueva Zelanda, donde fue introducido, el contenido estomacal de 46 animales resultó ser hierba en un 75-85 %.

Su dieta coincide mucho con la del íbice en primavera, verano y otoño, y sólo se separa con claridad en invierno; aun así, los estudios no encuentran entre los dos una competencia fuerte. Con el ciervo sí hay indicios de competencia allí donde éste abunda.

Behaviour

Es activo de día. Come sobre todo al amanecer y a última hora de la tarde y descansa en las horas centrales, aunque con luna puede seguir comiendo de noche; en el Cáucaso se han descrito dos turnos de alimentación, de 5 a 11 de la mañana y a partir de las 17 h. Las hembras, los cabritos y los jóvenes forman rebaños de 5 a 30 animales, a menudo guiados por una hembra vieja, mientras que los machos adultos pasan la mayor parte del año solos.

Las áreas de campeo varían mucho según el sexo y la estrategia de cada animal. En los Alpes occidentales, durante la temporada cálida, las hembras usaban de mediana unas 711 ha, los machos sedentarios sólo 49 ha y los machos que migraban unas 749 ha. En el Karwendel se midieron unas 133 ha en verano y unas 115 ha en invierno. Los animales que cambian de zona entre estaciones se desplazan unos 2 km.

El celo llega en noviembre y principios de diciembre en Europa, y en mayo en Nueva Zelanda. Los machos siguen dos estrategias: unos defienden un territorio desde finales de primavera, de unas 11 ha de mediana durante el celo, y otros siguen a las hembras de un lado a otro. Los inviernos de mucha nieve favorecen a los territoriales.

Tras una gestación de unos 170 días, las hembras paren en mayo o principios de junio, casi siempre una sola cría de 2-3 kg que sigue a la madre a las pocas horas. La lactancia dura entre 2 y 6 meses según la fuente, y la cría acompaña a la madre hasta la primavera siguiente; los huérfanos rara vez sobreviven. Las hembras se reproducen por primera vez hacia los 2,5 años. Los machos maduran a los 3,5-4 años, pero rara vez consiguen aparearse antes de los 8-9, y dejan el grupo materno a los 2-3 años.

Lo cazan el lince, el lobo y el oso, y el águila real se lleva cabritos. En Suiza es la segunda presa del lince después del corzo, sobre todo en forma de cabritos. Los aludes son también una causa importante de muerte.

Conservation

La especie en conjunto está estable, con una población de entre 300.000 y algo menos de 500.000 animales según el dato que se tome. Casi todos viven en los Alpes: unos 137.000 en Italia, 91.000 en Suiza (2018), 103.000 en Francia (2010) y unos 20.000 en Baviera. Es una pieza de caza mayor muy gestionada: Austria abate unos 20.000 al año y Suiza ha pasado de unos 17.000 en 2008 a unos 13.700 en 2018. En Austria, Suiza e Italia se apuntan descensos recientes, aunque se discute su alcance. En el noreste de los Alpes italianos, el número de jóvenes por hembra cayó con fuerza entre 2001 y 2015.

Fuera de los Alpes la situación cambia por completo. En el Tatra, la protección empezó en Polonia en 1868, y los parques nacionales datan de 1949 y 1954. La población bajó de 940 animales en 1964 a sólo 162 en 1999. Un programa de recuperación entre 2001 y 2005 pasó de un guarda a 52, prohibió la caza y reguló el turismo, y en 2018 se contaron 1.431. El censo de 2025 dio unos 800, así que la población sigue siendo frágil.

En la Chartreuse quedaban 157 en 1985. Se suspendió la caza, se reanudó después con cupos de sólo el 2-4 %, y hoy hay entre 1.500 y 2.000.

En los Balcanes, Grecia prohibió la caza en 1969 y aprobó un plan de acción en 2020, y Bulgaria ha pasado de unos 1.000 animales hacia el año 2000 a 2.500-3.000. En el Cáucaso, la población de Azerbaiyán ha caído a la tercera parte. En Turquía la especie está protegida desde 2003, pero sus cinco reservas ya no se consideran viables. Las subespecies balcánica y del Tatra están incluidas en los anexos de especies de protección estricta de la Directiva Hábitats de la UE.

Threats

La amenaza más grave es la caza furtiva y excesiva, responsable de los grandes descensos de las subespecies del Cáucaso, de Anatolia y de parte de los Balcanes.

Le siguen las enfermedades. La sarna sarcóptica entró en los Dolomitas desde Austria en 1995 y avanza unos 4,6 km al año; en las poblaciones que no la conocían elimina de media dos tercios de los animales, y más del 80 % en algunos lugares, aunque las oleadas siguientes, cada 10-15 años, rara vez matan más del 25 %. La queratoconjuntivitis infecciosa le llega desde las ovejas domésticas y puede matar hasta el 30 % de un grupo.

El cambio climático ya se nota en los jóvenes, un 25 % más ligeros que en los años ochenta, y en el menor número de crías por hembra. En el extremo contrario, inviernos de nieve excepcional como el de 2008-2009 mataron a la mayoría de los machos adultos del Gran Paradiso.

Donde se soltaron rebecos alpinos dentro del área de otras subespecies, como en la Chartreuse, el Bajo Tatra, los Ródope búlgaros y los Vosgos, la hibridación diluye esas poblaciones. Las molestias humanas le obligan a gastar energía justo cuando menos tiene, y las causan el esquí fuera de pista y el heliesquí, los drones, las pistas nuevas, también las de los parques eólicos, y las vallas fronterizas. Pesan menos la competencia con el ganado, con el muflón y sobre todo con el ciervo, cuya abundancia se ha relacionado con un menor crecimiento de los cuernos y una menor supervivencia de las hembras viejas, y la fragmentación del hábitat por presas y carreteras en Albania y Turquía.

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