El último registro mínimamente creíble de un lobo marino japonés es un ejemplar juvenil capturado frente a la isla de Rebun, en el norte de Hokkaido, en 1974, aunque los biólogos consideran que la especie ya era funcionalmente inviable desde finales de los años cincuenta. Llegó a contar con más de tres mil individuos repartidos por colonias de cría en las costas de Japón y la península de Corea a comienzos del siglo XX, entre ellas la disputada isla de Takeshima/Dokdo, pero la caza comercial redujo esa cifra a unas pocas decenas en apenas treinta años. Era el único lobo marino propio de Asia oriental, pariente cercano del lobo marino de California que hoy prospera al otro lado del Pacífico.
Los machos adultos medían hasta 2,3-2,5 m y desarrollaban una melena y una cresta sagital pronunciada en la cabeza, mientras que las hembras eran bastante más pequeñas y de cuerpo más esbelto. Se diferenciaba de las focas verdaderas por tener orejas externas visibles y por poder girar las aletas traseras hacia delante para desplazarse con soltura en tierra; se confundía con facilidad con el lobo marino de California, su pariente vivo más próximo, del que apenas se distinguía a simple vista.
Se conservan pieles, cráneos y esqueletos en museos de Japón y Corea del Sur, y en 2024 un equipo de investigación logró secuenciar el genoma completo de un ejemplar de museo procedente de la isla de Dokdo, lo que ha permitido reconstruir su historia evolutiva antes de la extinción. Existen fotografías de colonias en playas de Corea y Japón tomadas a principios del siglo XX, cuando todavía era relativamente abundante, aunque no se conserva ningún registro en vídeo de la especie viva.
Vivía en costas rocosas y playas de Japón, la península de Corea y el sur de la isla de Sajalín, con colonias de cría en islas remotas del mar de Japón.
Se alimentaba de peces y calamares, capturados mediante buceo en aguas costeras.
Formaba colonias de cría en playas rocosas, con machos territoriales que defendían un harén de hembras durante la temporada de reproducción, un patrón social típico de los lobos marinos.
La caza comercial japonesa por su piel, su grasa y sus órganos, usados también en medicina tradicional, hizo caer la población de más de 3.000 individuos a comienzos del siglo XX a apenas unas decenas hacia 1930, cuando la caza dejó de ser rentable por la escasez del propio animal. La Segunda Guerra Mundial, con intensa actividad militar y submarina en sus zonas de cría, y la persecución por parte de pescadores que lo consideraban competencia por el pescado, terminaron con las últimas colonias reproductoras que quedaban.
Su desaparición se ha convertido en un símbolo dentro de la disputa territorial entre Japón y Corea del Sur por la isla de Dokdo/Takeshima, una de sus últimas colonias conocidas, y ha impulsado propuestas de reintroducción usando lobos marinos de California genéticamente próximos, aunque el proyecto sigue siendo controvertido. El caso se estudia también como ejemplo de colapso poblacional por caza comercial no regulada, aplicable a la gestión actual de otras poblaciones de pinnípedos del Pacífico norte.
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