Este antílope solo puede describirse en pasado: fue el primer gran mamífero africano que la ciencia documentó y perdió casi al mismo tiempo, extinguido hacia 1800 apenas 34 años después de ser descrito formalmente. Vivía en una franja muy reducida del extremo sur de África, y hoy solo quedan de él un puñado de ejemplares disecados en museos de Europa.
De tamaño intermedio entre el antílope ruano y el sable, con los que compartía género, medía hasta 119 cm a la cruz y pesaba entre 120 y 200 kg. Su pelaje era de un gris azulado uniforme, con el vientre pálido y la frente parda, más oscura que el resto de la cara; tenía cuernos curvados hacia atrás, presentes en ambos sexos aunque más desarrollados en los machos, y una melena y flecos en las orejas menos marcados que en sus parientes vivos.
No existen rastros que documentar: la especie desapareció antes de que se registrara información de campo sobre huellas, madrigueras o señales de alimentación, y todo lo que se sabe de su biología procede de relatos de naturalistas del siglo XVIII y de restos de museo.
Llanuras costeras y pastizales del extremo suroeste de Sudáfrica, en una zona muy restringida en torno al actual Swellendam, en la provincia del Cabo Occidental.
Herbívoro pastador, como el resto de antílopes de su género.
Se cree que era gregario, viviendo en pequeños grupos, con los machos de mayor tamaño y cuernos más desarrollados que las hembras; la escasa documentación histórica no permite precisar más sobre su comportamiento social o reproductivo.
Se extinguió hacia 1799-1800 por la caza intensiva de los colonos europeos poco después de que se colonizara su reducido hábitat; fue el primer gran mamífero africano en extinguirse en tiempos históricos.
La causa de su extinción fue la caza excesiva por parte de colonos europeos, agravada por lo reducido de su área de distribución original, que ya la hacía vulnerable antes de la llegada de los cazadores.
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