Es uno de los pocos delfines del mundo sin aleta dorsal, una ausencia que, lejos de ser una desventaja, le da un aspecto único al nadar: un cuerpo blanco y negro que rompe la superficie del agua en arcos suaves y continuos, casi sin salpicar. Vive en grupos que a veces superan el centenar de individuos en las aguas frías del hemisferio sur, y comparte océano y algo de nombre con las ballenas francas, aunque no tiene ningún parentesco cercano con ellas: el nombre alude solo a que ambas carecen de aleta dorsal.
Cuerpo esbelto y alargado, sin aleta dorsal. Patrón de color contrastado: negro en el dorso y blanco en el vientre y los costados, con el blanco extendiéndose hacia arriba en los flancos según la población. Hocico blanco bien diferenciado. Se diferencia de cualquier otro delfín de su área de distribución por la ausencia total de aleta dorsal.
Como todos los cetáceos, no deja huellas ni excrementos aprovechables. Se detecta por su comportamiento de superficie característico: nada en arcos bajos y suaves, a veces saltando fuera del agua en largas trayectorias horizontales, y suele desplazarse en grupos grandes, a menudo asociados a otras especies de delfín.
Aguas frías y templadas del hemisferio sur, en una franja circumpolar entre los 30° y 65° de latitud sur, tanto en aguas costeras como oceánicas.
Peces de aguas medias y calamares, capturados sobre todo de noche.
Vive en grupos que pueden superar el centenar de individuos, a menudo asociados con otras especies de cetáceos y aves marinas. Nada en arcos bajos y continuos, con saltos largos y horizontales poco habituales entre los delfines.
La especie se considera de bajo riesgo dada su amplia distribución circumpolar y la ausencia de indicios de declive poblacional, aunque no existen estimaciones fiables de su población global.
Captura incidental en redes de deriva y de pesca de altura, sobre todo en el pasado frente a las costas de Chile.
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