Es una de las focas más amenazadas del planeta y la única especie de pinnípedo que vive de forma permanente en el Mediterráneo, un mar del que la mayoría de la gente no espera encontrar focas. Estuvo a punto de desaparecer por completo en el siglo XX, reducida a un puñado de colonias dispersas y ocultas en cuevas marinas de acceso casi imposible, un comportamiento de cría refugiado que la propia especie desarrolló como respuesta a siglos de persecución humana. En los últimos años protagoniza una recuperación lenta pero real, con avistamientos cada vez más frecuentes en playas abiertas de zonas donde llevaba décadas sin aparecer, un cambio de comportamiento que los especialistas interpretan como una señal esperanzadora.
Foca de tamaño grande, cuerpo robusto, pelaje oscuro pardo grisáceo a negro en el macho adulto y más claro en la hembra y los juveniles, a menudo con una mancha blanca irregular en el vientre. Se diferencia de otras focas por ser la única especie de pinnípedo que se reproduce de forma regular en el Mediterráneo y el Atlántico nororiental subtropical, sin solaparse con ninguna otra foca en gran parte de su área.
No deja huellas en el sentido habitual, pero sí surcos de arrastre en las escasas playas o rampas rocosas de acceso a las cuevas que utiliza para descansar y criar. Los excrementos son líquidos y rara vez se encuentran en tierra. La señal más fiable de su presencia son las propias cuevas marinas con playa interior donde se refugia, y las vocalizaciones guturales que pueden oírse desde el exterior en las colonias de cría más activas.
Costas rocosas con cuevas marinas de acceso semisumergido, y cada vez con mayor frecuencia también playas abiertas en zonas con menor presión humana. Distribuida de forma muy fragmentada por el mar Mediterráneo oriental y el Atlántico nororiental frente a las costas de Mauritania y el archipiélago de Madeira, con núcleos de población muy separados entre sí.
Se alimenta de una amplia variedad de peces y cefalópodos de fondo y de aguas medias, capturados en inmersiones relativamente cerca de la costa.
Históricamente solitaria y refugiada en cuevas de acceso casi inaccesible como respuesta a la persecución humana, un comportamiento poco habitual entre las focas, que suelen criar en playas abiertas y expuestas. En los últimos años se ha observado un uso creciente de playas abiertas para descansar en zonas donde la presión humana ha disminuido, lo que sugiere una posible recuperación del comportamiento más natural de la especie.
Su población mundial, que llegó a rondar apenas unos cientos de individuos a finales del siglo XX, se considera en recuperación lenta y sostenida gracias a la protección legal estricta y a la vigilancia de las colonias de cría más importantes, aunque sigue estando repartida en núcleos pequeños y muy aislados entre sí que la hacen vulnerable a eventos puntuales.
Captura accidental y persecución directa por conflicto con la pesca artesanal, degradación y molestias en cuevas de cría por el turismo costero, contaminación marina, y el reducido tamaño y aislamiento genético de la mayoría de sus núcleos de población.
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