A pesar de su nombre, no vive solo de cangrejos, aunque es capaz de bajar hasta los manglares y humedales para atraparlos cuando la ocasión se presenta. Es un cánido sudamericano de tamaño modesto, muy adaptable, que ha sabido moverse sin problemas hacia zonas agrícolas y periurbanas a medida que su hábitat original se transformaba. Forma parejas que se mantienen unidas durante años y que cazan juntas de forma coordinada, una escena poco habitual entre los cánidos silvestres de su tamaño.
Cánido de tamaño pequeño-mediano, pelaje gris pardusco con tonos amarillentos en las patas y una franja oscura a lo largo del lomo y la cola, que termina en una punta negra bien marcada. Se confunde con otros cánidos sudamericanos de tamaño similar, pero se distingue por sus patas relativamente cortas y su aspecto algo achaparrado en comparación con las especies del género Lycalopex.
Huella pequeña y ovalada, 3.5-4.5 cm, con 4 dedos y uñas marcadas, similar a la de un zorro pequeño. Excrementos alargados, 5-8 cm, con restos de fruta, insectos y pelo, depositados dispersos a lo largo de sus rutas de campeo. Caza en pareja de forma coordinada y se le suele oír de noche con un ladrido agudo y repetido, muy distinto del aullido de otros cánidos sudamericanos de mayor tamaño.
Muy variado: sabana, bosque de galería, humedal, matorral y zona agrícola, con buena tolerancia a ambientes alterados por el ser humano. Distribuido por gran parte de Sudamérica al este de los Andes, desde Colombia y Venezuela hasta el centro de Argentina y Uruguay.
Omnívoro oportunista: pequeños vertebrados, insectos, cangrejos y otros invertebrados de zonas húmedas, fruta y carroña, con una dieta que varía mucho según la estación y la disponibilidad local.
Forma parejas estables que cazan y se desplazan juntas, defendiendo un territorio compartido. Es de actividad principalmente nocturna y crepuscular, y en algunas zonas con presión de caza se ha vuelto notablemente más diurno donde no existe persecución.
Mantiene poblaciones amplias y estables en la mayor parte de su área de distribución sudamericana, favorecido por su gran adaptabilidad a hábitats alterados por el ser humano.
Atropellos en zonas de expansión agrícola y urbana, transmisión de enfermedades desde perros domésticos (rabia, moquillo), y captura accidental en trampas destinadas a otras especies.
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